sábado, 27 de agosto de 2011

LA COSA-EL MITO DEL HOMBRE LOBO

BUENAS TARDES GENTE, SIGO SUBIENDO CUENTOS HECHOS POR MI. EN ESTA OCASION, LES TRAIGO LA HISTORIA DE PEDRO, UN MUCHACHO QUE DESCUBRE DE MALA MANERA, QUE LOS HOMBRES LOBOS EXISTEN. BUENO, ESPERO LES GUSTE Y COMO SIEMPRE DEJEN ALGUN COMENTARIO.

   
    —Desde hace varios meses, en nuestra ciudad, hay algo que está matando chicos, las autoridades no tienen pistas—Pienso, mientras miro desde la ventana de mi cuarto el patio donde se encuentra Lucho, mi perro, un ovejero alemán, de más de 12 años— en cada lugar donde se cometió un crimen no encuentran pistas concretas para atrapar al culpable y sinceramente me preocupa que va a pasar mañana, ya que mi hermanito tiene la misma edad de los que ya no están, pero juro por mi vida que voy a evitar que él sufra la misma suerte
    —Pedro… —Me llama mi madre mientras se dirige al baño, con un toallón más grande que ella— ¿podes ver como está tu hermano?, me voy a bañar.
    —Si MA, ya voy—Le respondo con gesto de enfado— pero seguro va a estar chupándose los dedos de los pies, como es costumbre
E ese momento recuerdo lo pensado frente a la ventana y mi gesto cambio rotundamente al de resignado.
    Cuando llego a su habitación veo desde la puerta que estaba haciendo exactamente eso. Tratando de agarrar su pie izquierdo, para después chuparce el dedo gordo. En cuanto entro me mira y empieza a reírse, como si en mi cara tuviera payasos, saltando y cantando.
    — ¿De que te reís pendejo? —le dije mirándolo con cara muy sería— acaso ¿tengo monos en la cara?
    — ! Ma llegué ¡—Escucho decir a mi hermano Damián.
    — Mamá se esta bañando Damián—Le grito desde donde me encontraba.
    Luego de creer que todo seguiría calmo, agarro el sonajero para mostrárselo a bebe. Escucho que sube a los saltos por las escaleras Damián. Me saluda como de costumbre, un golpe en la nuca, situación que hace reír a carcajadas limpias al bebe.
    — ¿Como andan chicos?—Pregunta despreocupado por lo que me acababa de hacer.
   — Yo bien—Le dije, mirándolo fijamente— y Lucas está justo para que le cambien el pañal.
    Damian me mira, amaga a decir algo, pero solo se dignó a mirar su reloj y dando media vuelta sin decir una sola palabra se retira.
    — Que lástima, solo vine a cambiarme de ropa— dice, mientras bajaba las escaleras— después me voy a una práctica. Tenemos partido el lunes, así es que cubrime por esta vez Pedrito
    — ¡Ma! —Le grito mientras trataba de cambiarle el pañal a Lucas— ¿Papá donde está?
        — ¡Cierto! —Le respondo, tomando el pañal bastante cargado con dos dedos— es que me había acostumbrado a que trabaje de mañana.
    —Pedro ¿Cuántas veces tengo que decirte? —Me respondió mientras secaba su cabello con el secador— desde que llegamos de ese viaje al interior, tu padre ahora trabaja de noche ¿te acordás?
    Se me hace difícil adaptarme al nuevo horario de mi viejo, siempre nos quedábamos por la tarde tomando una gaseosa. Sentados en la parte de atrás de la casa, ahora ya ni viene a dormir, claro, por el horario nocturno, lo se, pero eso también es raro, por que hace unos años, le propusieron trabajar de noche en la fabrica y la rechazo rotundamente. El decía que la noche se hizo para descansar. Después decidimos ir de vacaciones y fuimos a visitar a mis abuelos en el interior. Debo reconocer que cuando volvimos lo note algo cambiado, ya sea de actitudes como en hábitos, no solo aceptó el trabajo de noche, sino que los sábados o domingos, se la pasa durmiendo casi todo el día. Esta última parte si que es rara.
    —Hola mi bebe—Le dice con voz aguda, mi vieja, como hacen todas las mujeres cuando ven un retoño de la edad de Lucas o más chico.— acá está mami, veo que tu hermano te cambió el pañal.
    — Se portó bien Ma, además no se separaron mucho tiempo, solo te fuiste a bañar—Le digo con un tono a reproche, actitud que enseguida se dio cuenta mi vieja.
    —Parece que alguien está celoso ¿o miento?—Me dice dándome un beso en la mejilla.
    En realidad tenía razón. Cada tanto, cuando la veo como juega con Lucas, me vienen a la mente los recuerdos de cuando yo recibía esos mimos, pero debo entender que todo pasa y ahora le toca a él recibirlas.
    El resto del día lo pasé jugando con Lucas y después comencé a hacer mi tarea, no era mucha, pero según dichos de mi madre, si uno quiere llegar a ser alguien en la vida, el primer paso es cumplir con el colegio. Al caer la noche todo seguía tranquilo. Una vez terminada mi tarea, me acuesto. Al rato se escuchan ruidos en la cocina. Es mi hermano Damián y como siempre pasa por la heladera a picar algo. Miro la hora, las 2 de la mañana. Sube las escaleras. Abre la puerta de la habitación muy lentamente y sin siquiera sacarse las zapatillas, se tira en su cama, que para mi mala suerte está al lado de la mía, aclaro esto por que en cuanto se acuesta, empieza a roncar de tal manera, parecía que todo se vendría abajo en cualquier momento. Después de un rato el sonido que hace Damián más el sueño me tira a dormir. No se cuando tiempo había pasado. De repente, un aullido me despierta   
— ¿Que miércoles fue eso?—susurro a la vez que como si tuviera un resorte en la espalda, me siento en la cama quedándome en esa posición mirando la ventana.
    Con un miedo pocas veces manifestado, me levanto de la cama como esperando algo.
    —Damián, hey, Damián, ¿podes dejar de roncar un momento? —Le susurro parado al lado de su cama— ¿¿escuchaste eso??
    — Hmmm… ¿que pasa?, dejame de joder ¿queres? —Me dice dándose vuelta, quedando a espaldas mía— anda a acostarte
    Dejando a mi hermano y sus ronquidos. Decido asomarme a la ventana y observo a lucho, mi perro, parado en el medio del jardín con lo pelos del lomo erizados y mirando más allá del portón, donde hay muchos árboles. Miro hacía allá y podría decir que veo algo, algo grande, tiene la silueta de un hombre, pero hay algo raro en esa figura: las piernas son muy largas, trato de observarla con más detalles, pero los movimientos de la figura son de tal manera, que por un momento me da la impresión que primero estaba en dos patas, luego en cuatro patas y en esa posición sale corriendo.
    — ¿Qué carajo era eso?—solo eso atino a susurrar.
    Me doy vuelta, me siento en mi cama y así esperare a que amanezca, con los ojos bien abiertos, fijos en la ventana.
    A la mañana siguiente, bien temprano, mi vieja nos llama a desayunar. Al primer llamado Damián, se levanta y corriendo se mete en el baño. Supongo que a bañarse, lo que el no sabe es que el olor a pies y demás partes de su cuerpo, quedan impregnadas en las sabanas. Aroma que enseguida lo delataba ante el olfato de mi madre. Por lo que le llama la atención que su hijo otra vez, se había acostado sin asearse. Lo espera en la puerta del baño, y cuando sale, la cagada a pedos que se come el pobre infeliz es para grabarla. Pero a pesar de que toda la escena fue divertida, no podía sacar de mi mente la imagen de anoche. Esa silueta poniéndose en cuatro patas, para después salir corriendo, me intriga.
    —Pedro—Me grita mi vieja desde la cocina— a levantarse para el colegio. Vamos, no voy a repetir.
    Que fuerza en la vos tiene mi madre, a pesar de que estaba bastante retirada de la escalera que da a mi habitación, pareciera que estuviera al pie de esta, fuerte y claro.
    —Ya voy Ma—le respondo mientras trataba de encontrar mi media— me estoy cambiando.
    —Tome mi bebe, acá está su comidita—le dice mi mamá a Lucas.
    Los veo mientras me acomodo la remera en la puerta de la cocina, observando como hace avioncitos con la cuchara llena de vaya a saber uno que era, apuntando a la boca de Lucas.
    --Buen día Ma—digo y enseguida me siento a la mesa— buen día Lucas.
    —Buen día Pedro, acá tenés café con leche y pan con manteca—Me dice y sigue jugando con Lucas, pero por la cara de mi hermanito, el no quería seguir con eso.
    — ¿Ya vino Papá?—le pregunto
    —Si, esta durmiendo—me responde— le duele la cabeza y el brazo.
        — cierto, su brazo—pienso.
    Recuerdo cuando fuimos a la casa del abuelo. Había una especie de perro salvaje que atacaba a las ovejas, cansados de eso, él y mi viejo fueron a cazarlo y volvieron con el perro en una bolsa. Mi abuelo le acertó un tiro al costado debajo de la pata delantera izquierda, pero antes, al parecer mordió a mi viejo en el brazo derecho. Lo atendieron en una sala de primeros auxilios cercana y mientras esperábamos que los médicos lo terminaran de suturar, mi abuelo me regalo una bala similar a la que uso para matar al animal. No se por que lo hizo, pero es hasta el día de hoy que la conservo. A pesar de que le curaron la herida, cada tanto le molesta, al parecer fue una herida profunda y ahora le quedó una cicatriz algo fea.
    Después de desayunar y saludo a todos y me dirijo al colegio. Una vez allí y mientras las horas pasan, cada tanto mi mente, trae la imagen de la silueta que estuvo afuera de la casa. Trato de concentrarme en las materias que eran dictadas por los profesores solo me concentro en las materias. En el recreo, charlando con Gastón, un muchacho que cursa 3 años más que yo, esta en el mismo año que Damián nota que estoy distraído, es que esos pensamientos acerca de lo de anoche, volvieron.
    — ¿Te pasa algo Pedro? —Me pregunta Gastón— desde hace un rato, te vengo observando que estás un poco distante. Mientras espera mi respuesta saca un cigarro del bolsillo, pero al ver que un profesor andaba cerca, decidió guardarlo.
    — No pasa nada—Le respondo con pocas ganas— estoy preocupado por mi viejo, nada más.
    — Acaso ¿está enfermo? —Dice con voz despreocupada— tu viejo siempre fue un hombre fuerte, seguro que sea lo que fuera que lo este jodiendo, pronto se le va a pasar.
    —Si, creo que tenes razón—respondo— creo que me preocupo al pedo.
    —Eso, arriba ese animo—me dice esta vez con la voz más animada— lo que si me preocupa son esas muertes de chicos, seguro debe ser algún loco.
    —veo que te enteraste también de eso—le digo.
    —si lo llego a pescar te juro que lo agarro del cogote y se le van a pasar las ganas de hacer ese tipo de cosas—Me contaba, a la vez que movía los brazos como si sostuviera un machete de verdad— mi viejo se compró un machete bastante grande, como el de las películas.
.
    El colegio y sus clases, quedaron en el pasado. Me apuro en llegar a casa lo antes posible. Mi intención es terminar la tarea antes de que se haga de noche y poder vigilar la casa desde mi ventana.
    Eran las 20 hs, terminamos de cenar y hacía una hora que mi viejo se había ido a trabajar. Mientras ayudo a mi a levantar los platos mi vieja los lava, una vez terminado todo me dirijo al baño y después a mi habitación.
    —Damián, necesito hablar con vos—Le digo, mientras él se prepara para acostarse.
    —Prometo no roncar muy fuerte —Me responde— en realidad no lo prometo, por que es una cosa que no puedo controlar.
    —No es eso—Le respondo— ya estoy acostumbrado al ruido infernal de tu garganta, es otra cosa.
    — A ver ¿Qué es entonces?—dice con cara de desconfiado.
    —No se si me vas a creer, pero anoche me desperté por un aullido muy grueso—Le digo a pesar de que su gesto cambiaba de desconfiado e intrigado a incrédulo— me asomé a la ventana y vi que lucho estaba ladrando a algo que estaba parado cerca del portón, era una cosa muy rara, me vio y enseguida salió corriendo
    —Yo te sugiero que no comas mucho chocolate antes de ir a dormir—Me termina diciendo.
    — Sabía que hablarte era al pedo—Le digo poniendo un gesto de muy mal gusto.
   —A ver, mirá, no quiero ser mala onda ni mucho menos—Me dijo en voz baja— pero ¿Qué queres decirme? ¿Qué el loco que esta atacando chicos, estaba en el portón de casa y no fuiste capaz de decirle nada a nadie?   
    Como el me lo planteaba me da a entender que lo que estaba tratando de decir era tan ridículo como las películas de terror de clase B que veíamos los sábados a la noche.
    —Si creo que tenes razón –Le digo— pero algo vi ahí afuera…  
    Después de tener esta “productiva” conversación con Damián. Se da media vuelta y susurrando vaya uno a saber que cosas, se tira en su cama y tapa su cabeza con la almohada. Me acerco a mi cama a hacer lo mismo cuando un aullido cortó como un cuchillo invisible el silencio que se formo luego de la semi-discusión entre mi hermano y yo.
    —No me digas que no escuchaste eso—Le digo clavando mis ojos en su rostro pálido.
    —Que… que… que… mier ¿que mierda fue eso?—Me dice.
     Es  la primera vez que lo veía realmente asustado, muchas veces cuando mi viejo lo retaba o amenazaba tenia algo de cuidado pero esta vez esta aterrado, espantado y su rostro lo refleja muy bien.
    —Es el mismo puto grito que escuché anoche—Le dije asomándome a la ventana— pero esta vez sonó mucho más fuerte.
    En ese momento Damián, agarra su celular y empieza a marcar un número. Al principio pienso que es el de la policía, pero enseguida me doy cuenta que no solo no llamo a la ley sino que mi hermano me esta ocultando algo.
    —Hola, está pasando como calculamos—Le dice a su celular, ante mi mirada completamente incrédula— recién lo escuché y según me enteré, ayer también, o sea que tenemos una noche más y si fallamos habrá que esperar 15 días, pero eso no quita que no pueda matar en la otra forma.
    —OK… nos vemos en la puerta del cementerio—Dice susurrando Damian — seguramente, va para allá.
   
    — ¿Como sabes?— escucho apenas que dicen del otro lado del fono.
    — ¿Cómo lo se? —Decía a la vez que se paraba a mi lado, observando por la ventana— no se si te acordás, pero la vez anterior, cuando atacó al último chico, la policía le perdió pista en dirección al cementerio. Me juego que su refugio está allá.
    Después de un rato más de charla. Corta la llamada. Saca una cajita de debajo de su cama y de su interior, saca una de las dos armas que desde donde me encuentro, puedo ver.
    —Damián, ¿con quien hablaste? ?—le pregunto— ¿De donde sacaste eso?
    Parado a su lado veo que manipula el arma, como alguien que nunca toco una en su vida.
    —Decile a mamá… —Me dice acomodándose el arma en la cintura— en caso que pregunte, que fui a la casa de un amigo. Vuelvo antes que amanezca.
    —No… —Le respondo firme— si viene mamá a preguntar, le voy a decir la verdad.
    —No seas boludo pendejo—Me responde.
    —Está bien— redigo mientras busco mi ropa para vestirme— no le voy a decir nada, con una condición.
    — ¿Cuál?— me dice y al parecer no caía que iba a ir con el, ya que me estaba vistiendo para salir.
    —Que me dejes acompañarte—Le dije con la voz muy seria— por que si vas a ir a perseguir a quien mató a esos chicos. Lucas es también una probable victima.
    — Ok, pero haces y decís lo que yo te diga—Me dijo también con voz que pocas veces la escuché— corrés cuando te lo diga que corras y te moves cuando te lo diga, sino no venís.
    Salimos de la casa por la ventana de mi habitación, Damián, lleva un bolso pequeño cruzado al cuerpo y dentro de el está la caja con las dos armas. Caminamos una cuadra él no deja de mirar hacia ambos lados, hasta que en la esquina nos encontramos con Gastón.
    — ¿Qué hace Pedro acá?—Es lo primero que pregunta antes que cualquier saludo.
    —El lo escuchó ayer a la noche—Le responde Damián— además mejor tres que dos ¿trajiste lo tuyo?
    — Si, acá está, lo afilé y corta hasta una hoja de papel—Le responde Gastón sacando su machete reluciente.
    —Yo también traje lo mío—Le comenta Damian, sacando las armas de la caja de madera— mirá, están cargadas, bueno una esta cargada, la otra tiene 2 balas, pero bueno, pueden servir.
    — ¿Y yo que hago?—Pregunto interrumpiendo la conversación entre ellos.
    —Tomá… esta pistola la tenes vos, yo llevo la otra—Me responde, asiento con la cabeza y nos dirigimos al cementerio. 
    Sabiendo de ante mano que la cosa estaría esperándonos. Nosotros, tres individuos, inseparables, decidimos darle caza, fue así que cruzando el portón. Armados solamente con 2 armas, un machete y sobre todo mucho coraje. Vamos entrando al sector de la bóvedas, donde al parecer yace la criatura que la noche anterior, se llevo las almas de 2 niños.
    Luego de caminar varios metros, la sensación de que algo nos está observando nos invade. No nos equivocamos. Se que la criatura, está apostada detrás de algunas lapidas nos está siguiendo con su mirada maligna. Imagino que sus ojos rojos siguen nuestros pasos y su boca despidiendo baba, en grandes cantidades bañaban sus dientes afilados, hasta caer en hilos hacia el suelo
   
    —Damian—le digo—todo este lugar me da escalofríos.
    — vamos Gastón, seguime—le dice Damian a su amigo.
    En ese momento y aprovechando que estábamos concentrados en entrar a la bóveda y sabiendo que si atacaba en ese momento, saciaría su hambre, la bestia da un salto descomunal, acompañado de un rugido amenazante.
    —Cuidado muchachos—les grito. 
 Pero para cuando se percataron, la bestia les cae encima, más precisamente sobre Gastón quien sostenía el machete, aplastando su cabeza sobre el piso.
    Con mi hermano al ver tal acto de salvajismo, disparamos, pero a la bestia parecía no hacerle daño alguno. Toma a su victima por una de las piernas, se nos acercó lentamente y nos arroja el cuerpo sin vida de nuestro amigo como si no pesara nada.
    —maldita sea—le dice Damian
    La pelea está perdida, no había salida y en el fondo sentimos que estamos condenados.
    —Se me ocurre una cosa—le digo a Damian
     Sacando el recuerdo que una vez me dio mi abuelo, la bala, era una de plata. La cargo y cuando la bestia decidida a destrozarnos a todos nos ataca, disparo dándole en el pecho. Lo siguiente es un espectáculo de lo más desagradable: vómitos de espuma verde, aullidos, aliento a muerte y el cuerpo que se prende fuego totalmente. Acto seguido aullidos  que se transformaban en alaridos de dolor hasta que al final cae y la piel quemada deja al descubierto un cuerpo humano, alguien conocido por ambos, nuestro padre.
    Al ver el cuerpo completamente herido por las balas que anteriormente disparamos, siento muy en el fondo de mi alma una gran tristeza, pero también alivio, porque según dicen, el hombre lobo es el ser sobrenatural más torturado, ya que la parte humana convive, por así decirlo, con la bestia, por eso querido padre... que en paz descanses. 
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sábado, 25 de junio de 2011

INOCENCIA VENGADA

    BUENAS TARDES GENTE, TANTO TIEMPO, NO CREAN QUE ME OLVIDE LOS QUE ME SIGUEN EN ESTE BLOG, COMO SABRAN YA ABRI EL OTRO CON LOS CUENTOS DEL CAZADOR DE NUESTRAS TIERRAS, SEGURO YA LOS HABRAN VISITADO, EN CAMBIO ACÁ LES TRAIGO UN CUENTO ACERCA DE LA MALDAD, SER MALO SE HACE, NO SE NACE CON MALDAD, ESPERO QUE LO DISFRUTEN

    Según algunos expertos, tanto los homicidas, violadores, torturadores, golpeadores, incluso los asesinos en serie, no nacen, se hacen, algunos se convierten en pensadores perversos hasta que llevan esos pensamientos a la realidad y es ahí donde se transforman en animales perversos, entidades capaces de cometer actos brutales.
    Otros, en su mayoría hombres, que por sus actos, se caracterizan por dañar a cualquier persona, pero no solo físicamente, sino psicológicamente, desconociendo edades y sobre todo sexo son aquellos que desquitan sus frustraciones, sus resentimientos, ya sea por traumas en el pasado, abusos físicos, como mentales, sobre el genero, que más allá que ocupen distintos puestos en la sociedad, siguen siendo el sexo débil, la mujer.
    Este es el caso de Joselo, un sujeto que por haber sufrido reiterados ataques por parte de su padre, se convirtió en un violador serial, actos por lo que al cumplir la mayoría de edad fue condenado y encerrado por 20 años, acusado de violar a 3 muchachas, aunque según el fiscal, habría más victimas, pero al no poder probarlo, solo se lo condeno por los 3 casos.
    Joselo no tenía el aspecto típico que cualquiera relacionaría con un violador, se vestía informal, campera de  jeans, pelo corto, siempre bien afeitado y con unos ojos, que cuando te miraba, era difícil de pensar que ese hombre era capaz de dañar y mucho menos, de cometer tales actos por los cuales fue encerrado, pero así era él y ahora, cumplió su condena y fue liberado muy a disgusto de la mayoría de los guardias del precinto.

    --Al fin libre carajo, ¡¡libre¡¡ después de 20 años, ahora, lo primero que hay que hacer, es buscar a mi amigo Clausen, seguro que debe vivir en el mismo lugar de siempre, su taller de autos—pensaba, mientras daba los últimos pasos fuera de la cárcel, lugar que observo por unos segundos, para luego fijar sus ojos en el cielo algo nublado
    Joselo se vio sorprendido, al percatarse mientras se acomodaba la campera, que sobre la vereda estaba la camioneta de su amigo y compañero de andanzas, Clausen, quien sentado en su interior, lo esperaba y observaba.
    --Hola viejo, era tiempo, hace 2 horas que estoy debajo de este sol infernal, por suerte, traje cerveza—Le dijo, su compañero mientras destapa una lata, al parecer bien fría y le arroja otra.
    --Hola Cla ¿Cómo estas amigo tanto tiempo?, perdón por hacerte esperar, pero había que firmar varios papeles, ya sabes, la burocracia del sistema—Le respondió Joselo, a la vez que subía a la camioneta, luego de tirar su bolso a la parte de atrás del vehículo y le daba un buen trago a la lata.
    --Como sé que estuviste mucho tiempo, digamos en “abstinencia”, te tengo un regalito en casa—Le dijo su compañero guiñándole el ojo izquierdo, a la vez que arrancaba el vehículo.
    --¿Seguís teniendo ese mugroso taller de autos?—Le dijo Joselo.
    --Si, pero de tantos autos que tengo y después de lo que te paso, decidí alquilar una casita mas alejada, y es ahí donde me entretengo, vos me entendes—Le comento Clausen, sacando otra cerveza del pack de 6.
    --Bien Cla, veo que no perdés el tiempo—Le respondió y le dio un trago enorme a la lata para así terminarla, apretarla con la mano y arrojarla por la ventana.
    --Es rubia, como a vos te gusta, 24 años, al principio se resistió, como todas, pero después, y. . .y. . .no, mejor no te lo voy a contar, la tenes que ver, te va a gustar—Le decía Cla a su copiloto, a la vez que se secaba la saliva de la comisura de la boca, con la manga de la camisa.
    --Ya se me hace agua la boca, carajo, 24 años, seguro debe tener la piel suave como la seda, su pelo dorado, casi puedo sentir su aroma, fresca, dulce, como una rosa recién cortada, una vir. . . .—Decía Joselo, pero fue interrumpido por su compañero.
    --Si Joselo, una virgen, su dolor me alimentó por varios días—Dijo Cla, por lo que su compañero, lo miró con una rara llena de odio.
    --¿Ya la probaste?—Le dijo con un tono frío que cortaba el aire, al mismo tiempo que le pegaba un golpe de puño al techo de la camioneta.
    --Si, pero solo dos veces viejo, solo dos veces y nada más—Le respondió Clausen, entre balbuceos.
    --Acaso ¿soy tu perro, tu mascota?, ¿crees que por que salí de la cárcel, voy a comer tus sobras?, maldito hijo de puta—Le ladró Joselo golpeando la puerta de la camioneta, con los puños.
   --Pe. . .pe. . .perdón Joselo, no. . .no sabía que te molestaría, no te preocupes, vamos a buscar una nuevita, nuevita y va a ser toda para vos ¿Qué te parece?—Le dijo Cla, casi en forma de ruego.
    --Por tu bien, espero que aparezca una como me gusta, de lo contrario… –Dijo, sin mirarlo, mostrándole el puño apretado y concentrando su vista en el camino.
    Condujeron más o menos media hora, cuando vieron una muchacha haciendo dedos a un lado del camino, era de estatura mediana, buen cuerpo y lo mejor de todo, tenía el cabello rubio     
    Los muchachos se miraron, esbozaron una sonrisa e intercambiaron gestos y Cla, sin perder tiempo acercó la camioneta muy tranquilamente para que su compañero pudiera conversar.
    --Buenos tardes hermosura ¿para donde vas?—Le dijo Joselo.
    --Hola, voy al centro—Le respondió la chica.
    --Me llamo José y él es mi amigo Cla ¿Podemos alcanzarte?, vamos para ese lado también, nos dedicamos a la música, yo canto y el toca la guitarra—Le comentó Joselo a la chica que parecía desconfiar.
    --No, gracias, seguro va a pasar algún colectivo que me lleve—Le respondió dando un paso hacia atrás, detalle que Joselo entendió que la presa no seria fácil de atrapar.
    --Vamos, por acá no pasan colectivos, ni micros, te llevamos y de paso me ayudas a practicar con mi nueva canción, la terminé de escribir hace una hora—Le dijo Joselo y con esa frase le alcanzo, no solo para hacerla acercar, sino también para hacerla subir a la camioneta.
   --¿Cómo te llamas?—Le preguntó Clausen a la muchacha, quien con sus cabellos rizados al viento daba una gran sensación de pureza.
    --Yesica, pero mis amigos me llaman Yesi—Le respondió la muchacha, acomodándose en el asiento de atrás.
    Mientras viajaban por la ruta, Joselo y yesi practicaban una canción que el presidiario hizo en la cárcel, mientras tanto Clausen al volante buscaba el cartel que le indicaría donde doblar para ir a la casa que había alquilado, pasado varios anuncios que señalaban las continuaciones de la ruta, el tan ansiado anuncio estaba a unos 200 metros, Clausen, le hizo una seña a su compañero y este levanto la cabeza y se dio cuenta que estaban llegando.
    --OK, Yesi, vamos a pasar por la casa de mi amigo, a buscar alguna notas y volvemos, solo serán 2 minutos, ¿te molesta?—Le preguntó Joselo, a lo que la chica asentó con la cabeza.en forma negativa
    Fue entonces que Clausen dirigió la camioneta hacía un camino que salía de la ruta, era un sendero de tierra, rodeado de árboles y en cuyo final se encontraba la casa, un inmueble de una planta, a simple vista cualquiera que pasara por el frente, diría que está abandonada, debido al pasto crecido cerca del portón de entrada y las paredes con pinturas descascaradas.
   Una vez que llegaron a ella, tanto Joselo como Clausen, se prepararon para bajar con la intención de entrar en ella.
    --Enseguida volvemos, solo vamos a buscar las notas y algunos  instrumentos—Le dijo Joselo a Yesica, quien asentó con un meneo de cabeza
    La muchacha, sentada en la parte de atrás de la camioneta, sola, se asomó a la ventana y al no ver a los muchachos por ningún  lado, el miedo y la paranoia empezaron a crecer en su cabeza, trató de mantener la calma y sus ojos se clavaron en la puerta de entrada de la casa, esperó unos minutos más y el instinto de conservación se hizo presente, por lo que intentó abrir la puerta de la camioneta con la intención de salir, pero algo raro pasó.
    --!!Yesi, en un minuto salimos¡¡ no te preocupes—Le gritó asomándose a la puerta Clausen, a la asustada muchacha, quien al  escucharlo definitivamente sintió que algo ni iba bien.
    Yesi, espero a que Clausen se metiera de nuevo a la casa, abrió la puerta de la camioneta, ni bien salió a la vereda, Joselo la agarró de un brazo y de un tirón intentó llevarla al interior de la casa.
    --Ey, soltame José, dejame ir, te dije que me soltaras!!Me -lastimas¡¡--Le gritó la chica, moviendo su brazo, tratando de
 Zafarse de las manos de Joselo.
    --Dejá de moverte pendeja y me vas acompañar a entrar a la casa ¿ok?, vamos movete, no me hagas perder el tiempo—Le decía Joselo, ya con poca paciencia, mientras la llevaba casi arrastrándola.
    --!!!NO QUIERO IR¡¡¡!!!!DEJAME EN PAZ, HIJO DE PUTA¡¡¡--le gritó la chica, ya completamente fuera de sí.
    Joselo, cansado de escucharla y hacer fuerza en una lucha para él inútil, soltó el brazo de la muchacha, la agarró de la ropa y le propino un golpe tan violento en el rostro, que hizo que el cuerpo de su victima chocara contra la camioneta, para luego caer sentada a sus pies decidió y así ponerle fin a toda discusión.
    --Ahora que me hice entender ¿vas a moverte o queres más?—Le dijo Joselo, a la muchacha al mismo tiempo que esta ensuciaba el suelo con la sangre que caía de su nariz, que después de unos segundos fue limpiada por el brazo de la muchacha.
    La muchacha no emitió sonido, con el rostro apuntando el suelo, su nariz seguía sangrando y ensuciando el suelo, sin perder más tiempo, Joselo la agarró nuevamente del brazo, la levantó y casi arrastrándola la metió a la casa.
    --Por fin, pensé que causaría más problemas, pero me equivoqué, dámela que la llevo al sótano, así le presento a mi “novia”, vos tomate otra cerveza—Susurraba Joselo.
    --No gracias, no vaya a ser cosa de a esta tambien la quieras “probar”—Le contestó Joselo.
    Una vez dentro de la casa, Joselo agarrándola fuerte, llevo a su victima al sótano, donde se encontraba otra muchacha, acostada en un rincón del lugar, completamente golpeada y con un grillete en el tobillo derecho.
    --Espero que te guste la compañía nena—Le dijo y agregó-- Yesi, te presento a Ofelia, la “novia” de mi amigo—Terminó diciendo Joselo a Yesi, quien miraba con los ojos desorbitados a la chica con el rostro espantado y al lugar, un nido de ratas.
    Ofelia era una muchacha de unos 23 años, rubia, debido al encierro tenia una delgadez casi extrema, estaba acostada y a pesar de que Yesi gritaba, no alteraba su siesta
    --Te vas a quedar acá, pero primero, me vas a dar algo que ansío mucho nena—Le decía Joselo, mientras se acercaba muy despacio hacia Yesi.
    Sin darle tiempo a reaccionar a la muchacha, se le tiró encima, al ver resistencia, recurrió nuevamente a los golpes, esta vez con la mano abierta sobre el rostro de la chica.
    --!!!NNOO¡¡¡ ¡!!!!POR FAVOR, NNNOOO¡¡¡¡--Gritó la muchacha, devolviendo algunos golpes que alcanzaron a su atacante en el rostro.
    --¡!!!!!Uhhh¡¡¡¡, brava la pendeja, Joselo—Susurró en tono de burla Clausen, hacía su compañero al ver la respuesta de la chica.
    --¿queres jugar rudo?, esta bien, me gusta, soy bueno en eso—Le Dijo Joselo mientras tomaba a la muchacha por las muñecas.
    La arrojó al suelo, le quitó la ropa a fuerza de tironeos, hasta dejarla solo con el corpiño, le pasó la lengua por los hombros, el cuello y la mejilla derecha, la muchacha, con la nariz rota y sangrando, al sentir eso, intento apartarlo con sus manos, acompañado por un gesto de repulsión.
    --MMMM, hacela difícil nena, lo voy a gozar mucho más—Le dijo Joselo, sacando una navaja del bolsillo de su pantalón, objeto con el cual, le quitó el botón del pantalón.
    A pesar de estar amenazada, la chica seguía defendiéndose, pero su atacante era mas fuerte y volvió a demostrarlo a fuerza de golpes, dejándola casi inconsciente, situación que dejó a su victimario a sus anchas, pudiendo quitarle la ropa por completo y dando rienda suelta a lo que mejor sabía hacer...
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jueves, 14 de abril de 2011

CACERIA URBANA

Buenas tardes gente, tanto tiempo, estoy de vuelta, y mientras esperamos al cazador de nuestra tierra les traigo otro policial. Nuevamente el oficial Garcia como protagonista de esta historia, en esta ocacion, debe encontrar a quien mato unos chicos a la salida de una bailanta, bueno, espero lo disfruten.


      
    Siendo las 3 de la mañana, la ciudad iluminada por las luces de las marquesinas de los negocios, los semáforos, incluso la de las calles, sobre todo estas últimas que se mostraban prácticamente desoladas, desabitadas, carente de vida, imagen que era interrumpida por algún sonido muy característico de una ciudad por momentos agitada, como es el de algún bocinazo sonando a lo lejos, bien podría decir que a esta hora todo está tranquilo. Sentado en mi auto, jugando con el encendedor, espero paciente que la muchachada que sale del baile, lo haga lo más tranquila posible, desde donde estoy me llega el sonido del boliche, hoy cumbia, nunca me gustó mucho esa música, sobre todo la bautizada como “cumbia villera”, si se la puede llamar así, para mí es una cagada, sobre todo por que la mayoría de las veces, donde se escucha, trae de la mano uno que otro quilombo y eso casi siempre termina con algún fiambre tirado en medio de la calle..
    —Bueno, ya están saliendo—susurro, mientras enciendo un cigarrillo viéndolos muy fijo—la verdad no se para que mierda me mandan a vigilar a estos “futuros delincuentes”, se matan y los matan como animales y nadie hace un carajo.
    Observándolos como algunos putean, se empujan, otros en cambio deciden marcar su territorio como animales, meando en las ruedas de los autos estacionados, (menos mal que estacioné enfrente), en ese momento suena la radio.
    —García ¿me copias?, espero no te hayas dormido, ¡¡GARCIAAAA!!—mi jefe, como siempre a los gritos y al parecer, tampoco dormía.
    —Lo copio jefe, no hace falta que grite, ¿acaso piensa que todos somos sordos?—le respondo mientras hago círculos con el humo del cigarro.
    — ¿Por donde andas?—me dice, un poco más sereno, pero igualmente firme.
    —En Santa Fe y Oro, frente a la bailanta, ¿se acuerda que me mandó a este rincón de la ciudad, en razón de escarmiento? —le digo con ganas de irme a descansar, por que a mi pensar ya había dado por cumplido el escarmiento impuesto―y todo, simplemente por atar a un sospechoso al paragolpe trasero de mi auto.
    Mientras mantenía una muy educativa conversación con mi jefe, aunque en realidad trataba de convencerlo de que me permita retirarme a descansar, se oye el estruendo de 4 disparos que venían del callejón pegado al boliche.
    — ¡La puta madre!, ¿ahora que? Acá el oficial García, número de placa 21543, reportando un 6020, repito un 6020, envíen ambulancias y refuerzos, Santa Fe y Oro Palermo— dije, arrojando el cigarrillo— Lo dejo jefe, cagueme a pedos después, ahora tengo que ver que mierda pasa—le dije y lo dejé hablando solo, mientras sacaba mi arma y corría al callejón.
    Acercándome al lugar, arma en mano y con mucha cautela, busco con la mirada el lugar desde donde pudieron provenir las cuetazos. Me asomo al callejón y avanzo pegado a la pared que da al boliche, a medida que lo hago, indico con señas de manos a la gente para que despeje el lugar, pero hay una multitud de personas y la mayoría eran pendejos, que al estar dominados por el pánico corren hacia todas direcciones, algunos incluso hacia mí como es el caso de un jovencito, que sin dejar de mirar hacía atrás, tropieza conmigo, era un muchacho muy flaco de tez trigueña, sostenía una campera con su mano derecha, llevaba puesta al revés una gorra color negra, que hacía juego con su remera blanca 3 talles más grandes y completando su atuendo, un pantalón a los que llaman “cagado” negro.
    ―Pibe ¿Qué paso?, ¿sabes algo? ¿Viste algo?—le grito, tratando de agarrarlo, evitando que se escabulla en el tumulto.
    ―Yo no se nada… no vi nada… Yo solo fui a mear, escuché los tiros y salí corriendo― me dice, nervioso el muchacho, mirando hacia atrás ― sino me cree pregúntele a cualquiera, déle, pregúntele a cualquiera.
    Miro a la multitud buscando a quien más preguntar y al no encontrar a nadie que se detenga dos segundos para escucharme, me incliné nuevamente por el chico que tropezó conmigo, quise preguntarle alguna cosa más, pero había desaparecido. Trato de encontrarlo mirando a ambos lados del callejón, pero era tal el mundanal de gente, la mayoría curiosos, que me era imposible encontrarlo.
    Una vez que el callejón quedó despejado, camino en dirección al lugar de donde se produjeron los disparos, topándome con un cuadro realmente desastroso, los cuerpos de 3 muchachos de no más de 15 años, cada uno con un disparo en la cabeza. Me quedo parado con mi libreta en la mano tomando anotaciones, luego, mientras espero a la ambulancia, examino la ropa de cada una de las victimas, buscando alguna identificación, drogas o algo que ayude con el caso, pero nada, camino alrededor de los cuerpos en busca del cuarto disparo, detalle que tampoco encuentro.
    ―No estoy loco, escuché muy claro 4 disparos, 3 de ellos dieron en el blanco pero ¿Dónde pego el cuarto?—pienso, mientras examino las paredes del callejón buscando alguna marca de impacto, en ese momento escucho llegar 2 patrulleros junto a la ambulancia, detrás de ellos, y a una buena distancia, llega el auto con el forense.
    ―Hola García ―me saluda Gustavo, pasando cerca mío y como siempre, con algo que masticar― antes que nada, siento mucho lo de tu compañero, se que se conocían desde hace tiempo
    ―Hola Gustavo―le respondo, encendiendo otro cigarro― si es una pena, pero todos sabíamos que ese hombre no estaba bien, bueno dale, llevate a estos y nos vemos en la morgue.
    Los camilleros dirigidos por Gustavo agarraran los cuerpos, los meten cada uno en una bolsa, luego con pocas ganas los arrojan en la ambulancia, como si se trataran de  bolsas de papas. Entretanto, reojeo en mi libreta lo datos que pude obtener de la billetera, como también la cantidad de dinero que saque de los bolsillos, detalle por el cual descarté que el ataque fue un robo.
    Mientras camino a lo largo del callejón, tragando largas bocanadas de humo, descubro al otro lado de la calle, en una de las paredes alejada de donde se encontraron los cuerpos, una mancha de sangre. Me acerco y veo que tiene la forma de una mano, también hay gotas en el suelo, las sigo y me guían hasta un sector de la calle muy alejado de donde pasó todo, camino unos pasos más intentando saber si las gotas llegaban hasta la vereda de enfrente, sin embargo me equivoqué.
    ―Todo esto tiene pinta a ajuste de cuentas—Pienso agachado junto a la última gota de sangre― O el asesino se subió a un auto que lo esperaba o el que se escapó, agarró el primer auto que se le cruzó, y lo abordó.
    Esta y otras cosas se me cruzan por la cabeza, mientras observo desde el medio de la calle, el lugar donde estaban los cuerpos. Vuelvo al lugar donde estuvieron los cadáveres, ahora solo hay siluetas marcadas con tizas, observo trabajar a la policía científica, quienes con mucho cuidado juntan pruebas, buscan huellas y demás, veo otras marcas de tizas, círculos alrededor de las 4 capsulas, únicos testigos fieles de los disparos.
    ―Pero ¿será posible?― susurro mientras apago el cigarro― 4 disparos, 3 muertos, un tipo que se va o huye herido en medio del quilombo de gente, pero nadie ve una mierda y otra vez las 4 cápsulas, algo no cierra, carajo.
    Entré en mi auto con la idea fija de ver si Gustavo pudiera darme alguna pista más concreta. Después de recorrer las calles de la capital, pensando en el cuarto disparo, llego a la central de policía, una vez dentro, me dirijo a la sala de autopsias pudiendo ver a Gustavo y sus manos rápidas quedarse con el reloj de un “cliente” que hacía poco había llegado.
    ―Buenos días Gustavo—le digo mientras contemplo como le daba cuerda a su nueva adquisición― espero que cuando me llegue la hora, nunca caiga en tus manos, tengo una emplomadura que me gustaría llevarme a la tumba.
    ―Jajajaja, buen chiste García―me responde Gustavo acompañado de una risa sarcástica―no te preocupes, a vos nunca te haría nada.
    ―ok, te creo… ahora contame lo que tenes acerca de los 3 muchachos del callejón―le digo.
     ― Bueno, esta bien, sabía que no viniste a hablar de mis adquisiciones―dijo Gustavo agarrando una carpeta que se encontraba sobre uno de los cuerpos― te comento que los tres chicos vienen de la villa 31, pertenecen a una “pandilla”, es raro verlos por Palermo, con respecto al arma que los quemó, puedo decirte que fue una 9mm, otro detalle para mencionar, es que al momento de morir todos estaban realmente asustados, ya que mearon en los pantalones, la verdad García, tenes un caso groso entre manos.
    ―Algo más, ¿marcas, tatuajes o algún otro rasgo significativo?—le respondo con insistencia― ¿y por que decís que tengo un caso groso? por que para mi…no se, parece más que nada un ajuste de cuentas.
    ―Acercate, observá la muñeca izquierda, todos sabemos que significan esos puntos, bueno, los tres presentan la misma marca—Me comenta a la vez que me muestra la muñeca de los tres occisos.
    ― Si, es una marca característica de los que estuvieron en institutos de menores o aquellos que se sintieron acorralados por la policía antes de entrar a los institutos, los puntos eran cinco y se los llama “el dado”―le respondo, como si fuera un cadete dando examen.
    Mientras me informo lo más posible acerca del antecedentes de los muertos, ya sea familiares de sangre como la “otra”, con la que cometían los delitos, llega Osvaldo, en ese momento y casi por reflejo, Gustavo le entrega los resultados de las huellas, para determinar quienes son, ya que en las billeteras, solo se encontró calendarios con fechas marcadas, estampitas y algunos papeles con direcciones que también mandé a investigar.
    ― Hola García, antes que nada, te felicito por salvar al delfín—me decía, sin quitar los ojos de los papeles que traía― por otro lado, siento mucho por lo de tu compañero, muchos presentíamos que ese hombre no estaba del todo cuerdo.
    ―Gracias Osvaldo, por suerte ya pasó ―le respondo, queriendo olvidar al menos por ahora ese tema pasado― ahora, decime ¿Qué averiguaste de nuestros fríos amigos?
    ―Ok, como digas―responde Osvaldo comprendiendo en forma inmediata mi cambio de tono.
    ― El primer muerto―comienza explicando Osvaldo, ojeando el expediente― el del piercing en la nariz, se llamaba Gustavo Álvarez alias “tavito”, 16 años, robo a mano armada, tubo varias caídas por drogas, se dice que se cargo a 3 en la villa, solo por que no quisieron pagar “peaje” donde él y los suyos residían, aunque nunca se pudo comprobar nada de eso. Además tenía un abogado que se escudaba en que como eran menores y que la sociedad los llevaba a hacer esas cosas como robos y no se que otras pelotudeces, los sacaba enseguida.
    ― Que buitres son algunos abogados―pienso al oírlo.
    ―El segundo―continua Osvaldo y en ese momento clava los ojos en la pagina que está leyendo― hijo de un ex comisario de la federal, su nombre era Arnaldo Segovia, de 17 años, aparentemente era el líder de los tres, corte militar, detalle impuesto por el padre ya que lo quería meter en la milicia por el comportamiento que tenía. Se dice que adoptó color de la camisa, colorado, cuando en una oportunidad le cortó la garganta a un integrante de otra pandilla vaya a saber por que causa, la cuestión es que la sangre mancho su camisa blanca y como le gusto el tono rojo, decidió adoptarlo. Pasó 4 años en reformatorios, se escapó de su casa muchas veces, sobre todo cuando su padre no estaba por días, debido a su trabajo Ávido consumidor de crack, pcp y lo que venga, recibió 2 tiros por parte de la policía cuando huía de un robo, refugiándose en la villa, sabiendo que es difícil entrar allá.
    ― Mierda, que especímenes fuí a encontrar en el callejón, son toda una celebridad para la policía — pienso mientras observo las cicatrices de bala del muchacho, una en la axila y otra en la pierna derecha cerca de la rodilla.
    ―Y ahora el tercero, este si te va a gustar—me dice con cara de ansioso.
    ― ¿si? Que lo hace tan especial, por que con lo que me contaste de los dos primeros, tengo de sobra―le respondo cruzándome de brazos.
    ― Se llamaba Contreras Dalmiro Baltasar, de origen boliviano, 17 años, pertenece a una comunidad del Once, se dice que mató a un chico cuando tenia 14 años, allá en su patria natal, mandé el informe a Bolivia, en unas horas vamos a tener la confirmación de eso, acá vive o mejor dicho vivía con dos amigos que hizo en la villa, los tres eran como un grano en el culo para las departamentales de capital. Dalmiro estuvo involucrado en el robo a varios supermercados coreanos y chinos, le gustaba burlarse de los polis delante de las cámaras de seguridad que había en los lugares donde robaba y como los otros dos se escurría a la villa, los conocen tanto a él como a los otros dos en ambas villas, tanto en la 31 como el la 31 bis.
    ― Lo que se dice un diamante, bien bruto―susurro mirando al muchacho tirado en la camilla.
      ―Como te dije antes García, te topaste con algo groso—Me dice Gustavo, al tiempo que desenvolvía un sándwich de atún, pero justo en el momento en que iba a darle una mordida, le lanzo una mirada, haciéndolo retroceder ya que las migas, caerían sobre la frente de uno de los difuntos.
    ―Perdón, no me di cuenta—atinó a decir, mientras le daba el tan ansiado mordisco a su almuerzo ―Pero falta algo―dice con la boca llena, mientras hojeaba los papeles que traía encima
    ― ¿Qué te faltó?, ¿será algo que apareció en los análisis?― le pregunto.
    — Me falta darte el resultado de la sangre que encontraron en la pared, lo tenia encima, ¿Cómo lo pude perder?, la puta madre—dice presentando una actitud nerviosa que iba más allá de unos simples papeles.
    ―Tranquilo, ya van a aparecer ¿te acordás si mencionaban algo importante?—le digo tratando de poner un paño frío a su frustración.           
    ―Si, algo recuerdo…― me responde un Gustavo muy nervioso y pensativo ― el ADN coincidía con el de uno de los 3, pero no recuerdo cual ¿Por qué me olvido de las cosas?, en cuanto encuentre los papeles te aviso bien, García.     
    Dejando como cosa olvidada lo ocurrido en la morgue, fui a ver a Sebastian, con la esperanza de obtener algo más para armar este rompecabezas, ya que en cuanto llegué del lugar de los hechos, le di los papeles con las direcciones que encontré en las billeteras.
    ―Buenas tardes Sebastián ¿te fue de utilidad lo que estaba escrito en los papeles?—le pregunto mientras tomaba una taza de café que estaba más que pasado.
    ―A pesar de que la mayoría de las direcciones eran casillas de las dos villas―comenta Sebastián, mostrando una carpeta que tenía sobre el escritorio―eran de seguro lugares donde compraban merca, seguimos buscando más lugares, y dimos con algo interesante, un comercio que queda a dos cuadras de la villa 31, se llama “Mercado Emilio”, es una especie de almacén donde venden de todo y al parecer también sustancias non santas. El dueño, Emilio Correa, cayó varias veces por consumir y otras tantas por portación de arma de guerra, lo que se dice todo una joya—me comenta, mostrándome una foto del sujeto sacada de un archivo.
    ―Mas que joya, es otra pieza de colección—le digo al ver el rostro del sujeto, tenía varias cicatrices en el rostro, suturadas por el peor cirujano, que le daban al sujeto un aspecto medio áspero y tosco, solo faltaba un detalle para considerarlo completamente así, solo uno y él lo tenía, un parche en su ojo derecho.
    ― Como es lo más útil que tengo hasta ahora, no me queda otra que ir a hacerle una visita a ese tal Emilio, a ver que le saco—le digo a Sebastián, agarrando la foto.
   ― ¿Necesitas apoyo?—Me pregunta Sebastian, sacando su arma de la funda, quita y chequea el cargador, lo vuelve a colocar en su arma y esta a su funda, todo un teatro para llamar la atención.
    ― No gracias, “Sr. Arma Mortal”, solo voy a hacerle una visita cordial, algunas preguntas de rutina a ver que consigo, nada más, todo va a salir bien—le digo, sabiendo que cualquier negocio que esté a los alrededores de la villa, es un gran tiro al blanco.
    ― No te pongas mal Sebastián, tal vez la próxima vez ―le digo al verlo decepcionado― ¿Me decís la dirección por favor?
    ―Según el registro―me responde con poco ánimo― la última dirección, si no se mudo, ya que cada dos por tres lo asaltan, pero es el precio de vivir cerca de la villa, es Prefectura Naval Argentina y Carlos Pedrette.
    Saliendo de la comisaría y mientras subía al auto, prendí un cigarro, y me dirigí al lugar mencionado. A medida que avanzaba en la avenida, pensaba que todo esto de los cuerpos, las marcas y sobre todo el historial de cada uno de los muertos, cuanta violencia habrán visto esos chicos a tan corta edad.
    ― Todo el caso me trae mala espina, tres muertos, tres futuros líderes de bandas, todo un enigma―pienso mientras conducía.
   ― ¿Que pasaría si me encuentro con alguno de estos personajes?—susurro mientras estaba llegando a las cercanías de la villa― la mayoría no llegó a los 21años, pero son mas peligrosos que cualquier loco adulto suelto
    La zona que ocupa este asentamiento es realmente impresionante, y como todo en esta ciudad, ellos también evolucionaron, al menos las construcciones, al principio eran simples chozas muy precarias, levantados con algún que otro sentimiento de progreso. Ahora son departamentos de 2 y 3 pisos, obviamente sin autorización ni medida de seguridad alguna. El crecimiento de los espacios cubiertos, dio lugar a  sitios donde se venden todo tipo de sustancias y por ende la delincuencia también creció y en forma alarmante.
    ― doblé la esquina, y ya puedo ver el cartel del almacén, un antro realmente sospechoso —susurro mientras avanzo muy lento a la vez que  preparo las armas, tanto la de la cintura, una 9mm como la de la sobaquera, un 32 largo, este último, solo por las dudas.
      El almacén tenía el nombre del dueño tal como dijo Sebastián. El frente cubierto de punta a punta por rejas de color negra donde la única entrada era una abertura como una suerte de puerta. Desde la calle desierta, podía ver el timbre del negocio, era una perilla de luz incrustada en una caja de metal, también enrejado. Me quedé parado en el medio de la calle, mirando a ambos lados de la misma, luego, encendí un cigarro mientras contemplaba el interior del local, buscando con la mirada al dueño, no estaba muy decidido en entrar, pero como no vi peligro alguno, puse la 9 adelante y mientras cerraba mi campera ocultándola, avance a paso seguro.
    ― Buenas tardes, ¿en que puedo servirle señor?—Me dice un señor ni bien termine de entrar al local.
     El tipo sin ninguna duda era el dueño, solo que en persona sus cicatrices estaban más marcadas que en la foto presentaba  por Sebastián, incluso el parche en el ojo derecho, ni bien termino de saludarme, otra persona le respondió.
    ― Hola vieja, venimos por la teca, ¿tenes la teca?—Le habla una voz, de un tono no muy grave parecida a la de un pibe, que venía a mis espaldas, según pude ver de reojo su sombra por efecto del sol que entraba desde la puerta.  
    ―Que teca ni que teca, salgan de acá pendejos de mierda, ya me robaron 12 veces en este mes —Les dice el tipo en voz alta, golpeando el mostrador― se llevaron todo lo que tenía.
    ― No los provoque, cálmese, sino se va a poner feo, déle algo para que se vayan—Le dije con voz serena mirando al tuerto notando que estaba perdiendo la paciencia. 
    ―Esta bien, les voy a dar algo―les dijo el dueño del local
    Fue entonces que mientras se escuchaban los pasos de los pibes acercarse, el dueño me mostró 4 dedos de su mano derecha indicándome que eran 4 los que había.
    ― ¿cuatro?―le pregunté susurrando a lo que respondió “si” con la cabeza―La puta madre, no se le ocurra hacer nada estúpido que somos boleta —le terminé diciendo
    Mientras quien le habló al viejo junto con sus cómplices se acercaban al mostrador, intenté girar el cuerpo para verles la cara.
    ―Che loco, ¿que te moves vo? quedate quieto o te quemo, no é joda ¿me escuchate?—Me dice en voz alta uno de ellos, al mismo tiempo, se escucha el martillar de un arma.
    ―Si, te ecuche, muy bien, che—Le digo, con la misma falta de cultura, dándole en todo momento la espalda, mientras escucho que se acerca hacía donde nos encontramos el vendedor y yo.
    ― ¿Me `sta cargando loco?—me dice susurrándome en el oído apoyando el caño de su arma, una 45, en mi mejilla derecha.
    ― ¿tene plata vos también?— dice y su aliento, muy particular, mezcla de cerveza y pegamento, me produce rechazo.
    ― No tengo mucho, pero es todo tuyo, solo dejame sacarlo de la billetera, que esta en el bolsillo de mi pantalón, así es que tranquilo, ya te lo estoy dando—Le susurro, buscando mi billetera, aunque en realidad, pensaba sacar mi arma y terminar con todo esto.
    En un momento mientras le entrego el dinero al chorro, levanto la mirada y veo que el hombre de un solo ojo, mueve su mano derecha, como buscando algo detrás del mostrador.
    —Espero que este moviendo su mano para apretar la alarma, y no para buscar un arma, de lo contrario, esto se va a poner realmente feo— Pienso, mientras saco mi billetera del bolsillo trasero de mi pantalón.
    ―Suerte que saque mi placa y la puse en el bolsillo interno de mi campera―susurro.
    — ¿$25 solo tené?—me dice salpicándome de saliva el rostro y  con los ojos entrecerrados, era un muchacho de unos 18 años—Dame más plata boludo o te quemo acá mismo, escuchate boludo.
    — No tengo un mango más, todavía falta para cobrar, es todo lo que tengo, —le respondo con voz cansada.
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