martes, 23 de octubre de 2012

HISTORIAS PERDIDAS

BUENAS TARDES GENTE LINDA, HACE BASTANTE QUE NO ANDO POR ESTOS LADOS, SINCERAMENTE MUY OCUPADO CON OTROS PROYECTOS. HOY LES TRAIGO UNA AVENTURA PARA HALLOWENN, LES COMENTO UN POCO DE QUE SE TRATA. UNA BANDA QUE ASALTA BANCOS, SE TROPIEZA CON UN SER QUE MUCHOS ODIAN Y OTROS RESPETAN, SIN MÁS PASEN Y LEAN.


                                                   MALDAD PURA
      Son las 17:00hs del 31 de octubre, Ariel Casioni, un bandolero de pocas pulgas, que en algún momento de su vida, trabajó como sicario para algunos bandos, en esta ocasión acaba de cometer un robo en, una sucursal del Banco Nación, más precisamente la de Santa Fe, él y su banda, compuesta por 4 ex-convictos, Horacio Dalma, Oscar Risco, Juan Zevac y Sebastian Presto, que según él, eran de confiar. Una vez cometido el atraco, se dirigen a su  guarida, donde se decidirá que hacer con el botín. Después de cometer 12 asaltos, donde se recaudó 60 millones de pesos, junto a 23 millones de dólares y haber tenido la suerte de esquivar a las autoridades en todas esas ocasiones. Podría decirse que Ariel y su banda tienen mucha suerte, pero el destino les tenía a todos preparado una jugada en la que la suerte juega sus últimas fichas.
   —Bueno muchachos—Les dice el jefe, mientras se sirve un trago de whisky―, ya estamos en casa, ahora a discutir que hacer con el botín, recuerden que por un tiempo lo tendremos que dejar donde este seguro, no debemos tocarlo, para no levantar sospechas ¿entendieron?
    ―Deberíamos dividirlos en partes iguales —Le susurra Oscar, viéndolo a los ojos—.y después enterrarlo, dejar pasar un tiempo y volver por él y llevárnoslo ¿Qué te parece?
    —Yo pienso que deberíamos dividirlo—Grita desde el baño Sebastián, mientras hace algo más que sus necesidades, ya que cuando salió su nariz muestra rastros de polvo blanco—, que cada uno se lleve su parte y después sí, separarnos por un buen tiempo, que mierda.
    —No les hagas caso—opina Juan, al parecer el más inocente de todos—, mejor sería, sacar pequeños montos y depositarlos en algunos bancos, para así tener algún respaldo económico, nos servirán cuando salgamos de la cárcel, en caso de que nos atrapen ¿Qué les parece mi idea?
    —Tu idea me enferma—Le contesta Horacio, mientras calcula lo robado en esta ocasión—, es la más estúpida de todas, mejor cerrá el culo y no digas más nada ¿ok?
    Cada uno de ellos tiene sus cualidades y personalidades marcadas, por ende cada uno cuida de sí mismo para quedarse con el dinero mal ganado y seguír o no como una seudo sociedad. Luego de escucharlos, el jefe se toma el resto del líquido de su vaso y se dirige a su cuarto a descansar un rato.
    Después de 1 1/2 hora de descanso, el jefe se dispone a reunir a la tropa y a comentar la decisión tomada.
    —Muchachos—Les dice tomando otro vaso con whisky—, decidí hacer un pozo en el sótano y guardarlo todo junto. Tengamos un plano de donde está y separarnos por un tiempo, hasta que la cosa se enfríe ¿entendieron?, creo que es lo mejor para todos.
    Los muchachos, luego de escuchar esa propuesta, demuestran nerviosismo. Reclaman diciendo que en ese momento, ninguno de ellos cuenta con algún dinero, ni siquiera para alquilar el peor hotel de cualquier pueblucho. Al oírlos, el jefe se sienta junto a Oscar, quien, con los años de conocerse, se volvió su mano derecha.
    —Ariel—Le dice Oscar—, los muchachos algo de razón tienen. Podríamos sacar algunos billetes y darles. Trabajaron mucho y nunca te cuestionaron nada.
    — Es cierto — responde el jefe— entonces debemos mover el dinero.
    — Necesitamos vehículo— responde Oscar — y buscar un lugar donde ubicarlo.
    —Necesitamos una camioneta, si queremos sacar el dinero y llevarlo hasta la frontera con Uruguay—Respondió el jefe—, me dijeron que ese país, es un paraíso fiscal latinoamericano.
    — ¡Está bien chicos, vamos a sacar una cantidad suficiente para que nos podamos mover, el resto queda enterrado ¿contentos?!—Les grita — ¡necesitamos conseguir una camioneta para transportar lo que sacamos, así es que vamos al centro y vemos si encontramos alguna!
    Una vez que todos los integrantes de la banda aceptaron la propuesta de su líder. Suben al auto, un Falcon modelo 70, color gris plomo, si bien es amplio por dentro, 3 hombres corpulentos en el asiento trasero lo hace parecer un fitito.   
    Una vez en el pueblo, se estacionaron frente a una gomería, esperando ver algún incauto que condujera un vehículo que ellos necesitan.
    —Que quilombo de gente—Comentaba Oscar—, con eso de noche de brujas y los pendejos que andan disfrazados.   
    Mientras esperan. Observan por el parabrisas como cruza un grupo de chicos con sus canastos de golosinas.
    —La verdad no se para que hacemos todo esto—termina diciendo Ariel, viendo el mismo panorama—, si ni siquiera es una tradición nuestra, la verdad cada nos comportamos más boludos.
   —Jefe—Interrumpe Sebastián, quien está en el medio, del asiento trasero— ¿no ve ninguna camioneta?, estamos como sardinas acá.
    Luego de aguantar en el auto durante una hora. Ven llegar una camioneta, por como le clavaron los ojos, debe ser la que estaban esperando, es de color negra, según una indicación de fábrica que brilla como plata cerca del parachoques trasero, es 4x4. Completamente equipada y hasta tiene vidrios polarizados. Se estaciono en la mano de enfrente a ellos. Vieron que de ella baja un señor muy bien arreglado quien abre la puerta trasera y del vehículo bajan 3 niños disfrazados, les habló por un momento y después los pequeños se dirigieron hacia el fondo de una casa, el hombre sube a su camioneta y se pone a hablar por celular muy distraídamente.
    —Ese es el vehículo que necesitamos chicos—Les dice el jefe—, esa belleza nos va a ser muy útil, además es negra, mi color preferido.
    —Bien—les termina diciendo Oscar—, ahora pónganse las mascaras y vamos.  
    Se acercan muy despacio hacia la camioneta, cuando están a una distancia considerable. Sacan sus armas.
    —Buenas noches señor—Le dice Oscar al dueño de la camioneta— ¿sería tan amable de prestarnos, perdón, de darnos su camioneta?,
     Sin darle tiempo a que responda lo apunta con su arma y lo obligan a abrirles las puertas para así poder abordarla.
    En ese momento el dueño amaga con llamar por celular, pero Sebastián es más rápido y lo golpea en la nuca. Cayendo este inconsciente, con la cabeza en el asiento del acompañante.
     Viajando de regreso a la guarida, los mal vivientes, esta vez un poco más cómodos en su nuevo vehículo. Fantasean con lujos y gastos que harían con el dinero una vez en su poder.
    —Che Sebastián—Le pregunta Juan tocándole el hombro—, ¿por qué no le disparaste al tipo, en cuanto se quiso hacer el guapo?
    — Por que atraería a la gente—Le responde sin quitar la vista del camino—, creí que sería mas prudente para todos pegarle.
    —Menos mal que el baúl es grande—Agregó Horacio—, entró casi sin tener que flexionarlo mucho.
    Unos cuantos kilómetros antes de llegar a destino. Empezaron a escuchar golpes que provenían del baúl, al parecer el golpe que le propinaron, duro muy poco.
    —Oigan, ¡¡saquéenme de acá, por favoooorrrr!!!—grita la infortunada víctima, a la vez que patalea, rasguña y golpea el lugar de su encierro.
    Siguió gritando hasta que el auto se detuvo, Horacio con gesto furioso. Abre el baúl.
    —Dale, salí de ahí boludo—Le dice Horacio mientras lo arranca del auto. Luego de ponerle una capucha de pana en la cabeza—, si fuera por mí te mataría ahora mismo, pero el jefe quiere algo con vos.
    El hombre no entendía nada, solo quiere irse y para colmo todo se volvió oscuro por la bolsa, en ese momento supo que su suerte está echada, porque es evidente que no lo dejaran libre por más que suplique y llore.
    —Siéntenlo—Les dice el jefe y todos obedecieron—. y saquéense las mascaras.
    —debo decirte que no era nuestra intención traerte—le dice el jefe al hombre—, pero al intentar llamar vaya a saber a quien, vos mismo te ofreciste a venir con nosotros y como no nos vistes las caras, solo te vamos a dejar encerrado encapuchado y maniatado en esta silla hasta que nos vayamos, o sea mañana a la mañana ¿me estas escuchando?
    —Por favor, no me hagan daño, señor—Le suplica el hombre, lloroso y con la voz quebrada—, solo quiero ir a recoger a mis hijos. Necesito ir a buscarlos antes de la medianoche, por favor déjenme ir. Prometo no decir nada a nadie acerca de lo sucedido, por favor, por favorrrr…
    —Lo siento chico, todo va a terminar a la mañana temprano, ni un minuto antes—Le termina de decir Horacio, quien una vez cerca, se pone a observar los anillos, sobre todo el del dedo anular. Es un anillo sellador con dos iniciales L.F.
    —Lindos anillos, amigo— Comenta Horacio relamiéndose, pensando en quedarse con todos—, sobre todo el grande con las iniciales, igual que las cadenas y el reloj ¿acaso es un Rolex?
   —Si es un Rolex—Le responde el desconocido—, me lo obsequió un banquero a cambio de un favor que le hice, por favor, libérenme.
    —Déjenlo muchachos, nos vamos a turnar para vigilarlo, hay que preparar todo para irnos—Les termina diciendo el jefe y todos se marcharon, dejando al desconocido, sollozando en la habitación con una sola ventana.
    —Jefe son casi las 23:00hs—Dice Juan al mismo tiempo que se encamina hasta la habitación—, voy a ver como esta nuestro invitado.
    Al entrar, el hombre quien estaba cabizbajo, levanta la cabeza y la mueve siguiendo cada movimiento de Juan, es como si lo viera a través de la capucha.
    —Hola Juan—Le dice el extraño—, ¿venís a ver si necesito algo?
    — ¿Cómo me llamaste? —Le responde en voz alta—, acaso ¿crees que me conoces?
    —Solo creí que venias a ofrecerme algo—le responde el encapuchado— y te digo que si, necesito que me saques de acá.
    —No vuelvas a hablarme así por que te voy a volar la tapa de los sesos—Le dice amenazante Juan, completamente nervioso—. ¿Me entendiste?
    —Todos sabemos que Ariel se quiere quedar con todo—Le habla el extraño como si lo conociera de años—, no les va a dar ni un mango y menos a vos que te tiene como el más boludo de todos.
    Ese comentario fue la gota que rebalso el vaso. Casi sin control de sus actos, Juan comienza a golpear al sujeto con el arma y éste al recibir semejante ataque por parte de uno de sus captores, comienza a gritar.
    —¡¡¡Auxilio!!!—Grita desesperado el cautivo—, ¡¡¡este idiota me quiere matar, auxiliooooo!!!
    —Basta, dejalo. . . . Te dije que lo dejes. . . . .Bastaaaaa—Le dice Sebastián agarrando a Juan de la ropa y arrojándolo al suelo.
    —Ese hijo de puta me conoce— grita desesperado, al mismo tiempo que le apunta al extraño, enteramente desquiciado—, no sé de dónde, pero me conoce, la puta madre, debimos matarlo en cuanto pudimos.
    Sebastián, al ver a su compañero en ese estado, se le acerca, lo calma y lo saca de ese lugar llevándolo ante su jefe y Oscar que estaban en ese momento cargando algunas bolsas en la camioneta.
    —Jefe, ese hijo de puta me conoce—Le gritó ladrando Juan a su jefe y este lo vió con dudas—, jefe, no se como ni de donde, pero me conoce
    —Horacio vigilá al sujeto, mientras Oscar y yo hablamos con Juan. Sebastián, seguí cargando la camioneta—Respondió el jefe sin mirar en lo mas mínimo a Juan, los demás como era costumbre hicieron los que les ordeno sin titubear.         
    —Juan, prestame atención—le dice susurrándole el jefe cara a cara apretando los dientes— ¿Qué fue lo que te dijo el sujeto que te alteró tanto? Decime.
    —Me llamó por mi nombre, jefe—Le responde el súbdito, transpirando de nervios.    
   —Y por semejante boludes, ¿armaste semejante quilombo? —Le dice Ariel agarrándolo de la solapa de su camisa, que por entonces ya estaba demasiado arrugada y casi rota—, no te digo que sos el más boludo de todos, ¿no se te ocurrió pensar, que la pudo pegar de casualidad?
     Mientras Ariel y Oscar tratan de calmar a Juan. Horacio está entrando a la habitación donde el desconocido, yace sentado sin emitir sonido alguno.
    —No puedo creer que este pedazo de basura conozca a Juan, —Piensa Horacio mientras enciende un cigarro— para mí es una puta casualidad.
    — Creelo Horacio—Le dice el desconocido—, Juan no es ningún trigo límpio y como le dije a él, Ariel no le va a dar ni un mango y a vos tampoco.
    —No se de que carajo estas hablando, pedazo de basura—Le responde Horacio, a la vez que larga grandes bocanadas de humo al techo.
    —Te conozco—le dijo el extraño, sin levantar la cabeza—, se que mataste a tu madre por unos pesos, solo para comprarte un puñado de hierva ¿te acordás de eso? Es por eso que estuviste en prisión.
    —La puta m. . . .— Dice Horacio, pero es interrumpido por el extraño.
    —Dejá de putear ¿ok? —agrega el extraño—, eso no te va a llevar a nada. Dejame salír de acá antes de las 12 de la noche.
    Sin responderle, salió del cuarto completamente intrigado.
    —Jefe, Juan tenía razón—Le dice Horacio a Ariel—, el tipo al parecer nos conoce, me dijo algo que solo le conté a ustedes y mencionó el dinero.
    Al oír eso, Ariel y Oscar van a charlar con el desconocido. Entran a la habitación y cierran la puerta, los demás se quedan cerca de la puerta. Escuchan lo que se discute dentro.
    — Voy a ser directo—Le dice el jefe al desconocido, luego de sentarse enfrente a él— y me gustaría que vos también lo seas ¿está bien?
    — Está bien.
    — ¿De dónde conoces a los muchachos? —Le increpa el jefe ya con la paciencia a su límite— Y no me vengas con boludeces, no nos cuesta nada matarte y tirarte a la zanja
    —Soy yo el que debería preguntar algo—le responde el extraño al jefe—, como por ejemplo, si ya tienen la camioneta, para llevar el dinero, ¿para que mierda me quieren acá?
    Al escuchar al desconocido, se acerco a responderle lo dicho pero en vez de eso, lo miró y luego lo miró a Oscar y éste, que en ese momento estaba mirando por la ventana, dejó de hacerlo y se acercó también al desconocido junto con Ariel.
    — ¿Quién te dijo que necesitábamos la camioneta para el dinero?—Le dice el jefe con la mirada cómplice de Oscar.
    En ese momento por un gesto de su jefe, Oscar desata al desconocido, lo saca de la silla y lo arroja contra la pared. Busca entre sus ropas algún tipo de dispositivo, ya que no habría otra manera, según el jefe, de que el extraño supiera acerca del dinero y demás cosas. Al no encontrarle nada y debido a la impotencia, empezaron a golpearlo al mismo tiempo que le preguntan una y otra vez quien era y de donde conocía los detalles, el desconocido sigue insistiendo en que no sabe nada, pero esa respuesta no los conforma, así es que siguen golpeándolo, por al menos 20 minutos o hasta que los nudillos de ambos, empezaron a sangrár.
    —Espero que con esto, se te refresque la memoria—le dice el jefe de la banda, mientras limpia sus nudillos con un pañuelo—, nos vamos, pero volvemos en 10 minutos y esperemos que nos digas la verdad, de lo contrario, sos cadáver.
    —Levántenlo—Les ordena Oscar a los que estaban pegados a la puerta—, pónganlo en la silla y atenlo de nuevo.
    Mientras Sebastián levanta al desconocido, se oye la voz del jefe llamando a Juan y a Horacio.
    —Enseguida vamos jefe—le responde Horacio y junto a Juan salen ambos de la habitación. Dejando a Sebastián solo ayudando a ponerse de pie, al extraño.
    Ya en la cochera, Horacio y Juan ven como su jefe sube las bolsas a la camioneta.
    —Acá estamos jefe—Le dice Juan al jefe—. ¿Necesita ayuda con las bolsas?
    — ¿de que estás hablando? —le responde el jefe a la vez que seca su sudor con la mano derecha—, yo no los llamé para nada… y ¿donde está Sebastián?
    — se quedo con. . . .—no termina de responder, cuando un grito desgarrador lo interrumpe.
    —¡¡¡aaaaaaggghhhh!!!
    El alarido retumba en toda la casa. Provino de la habitación donde está el extraño.
    Todos corren hacia la habitación y al entrar lo que encuentran no tiene nombre. Sebastián está crucificado en la pared frente a la puerta cabeza abajo, su cuerpo está completamente libre de piel. Sus entrañas salidas de su cuerpo llegan al suelo. Y para completar tal cuadro de morbosidad, fue decapitado y su cabeza con la marca del anillo en la frente. Descansa en la silla donde
 estaba sentado el extraño.
    —Dios mío—Dice Horacio, al tiempo que se persigna una y otra vez.
    —La puta madre… ¡atrapen al hijo de puta!, —Les ladra el jefe  — lo quiero muerto ¿me escucharon? Lo quiero bien muerto.
    Sus súbditos quienes, sin pensarlo mucho agarran sus armas y cada uno de ellos se dirige a un sector de la casa.
    Horacio se va a la cocina, un ambiente amplio, con una mesada de mármol muy pulcra. Revisa la alacena, aunque más que buscar al asesino de su amigo, se dedica a buscar un aperitivo. Abre la heladera. Saca un poco de helado, y en el momento en que cierra la puerta, el extraño, se encuentra detrás de él.
    —Hola Horacio—le dice.
    — Jef. . . .—solo atina a decir, ya que el extraño le aprieta la garganta. Al sentirlo, Horacio abre la boca, situación que aprovecha su atacante para arrancarle la lengua y los ojos.
    Mientras tanto, Juan. Atemorizado después de ver el cuerpo de su amigo en la pared. Revisa otro lugar de la casa, es una habitación amplia. Decorada con un tapiz de color verde musgo, al ser un cuarto que no uso con frecuencia, en un momento se quemó la lámpara del techo y nunca fue cambiada, eso le da un tinte más tétrico al lugar.
    —Mierda, por que me tocó esta habitación—Susurra, mientras entra con la linterna en la mano—, hace un frío de locos acá.
    En cuanto cruza la entrada a la habitación, la puerta se cierra detrás de él, haciendo que voltee a mirar casi como por reflejo. Se acerca. Intenta abrirla. Sacude el picaporte y la golpea con los dos puños, a la vez que pide ayuda, pero todo su esfuerzo es en vano. Cansado deja de hacerlo y en ese momento, escucha una voz.
    —Hola Juan—escucha que le dicen desde algún punto del cuarto cubierto por una completa oscuridad.
    Trata de encontrar el origen de la voz con la linterna, pero la oscuridad era tal, que la luz se pierde.
    — ¿qui. . .quien. . .quien anda ahí?—pregunta con voz temblorosa.
    jajajajajaja—se escucha y unos ojos rojos brillan en el centro de la habitación.
    aaaaaaggghhhh—Se oye y el sonido retumba en cada rincón.
    Los demás al oírlo corren para socorrer a su compañero pero como en el primer caso, llegan  tarde, lo encuentran, previo derribo de la puerta, muerto y con el cuerpo mordisqueado por todos lados, incluso faltan pedazos de carne en las piernas y cuello. Tiene la frente marcada con el anillo, hay partes de su carne por toda la habitación, le faltan todos los dedos, tanto de las manos, como de los pies, la sangre esta salpicada en casi todas las paredes. Es algo de otro mundo.
    —maldito hijo de pu. . . .—dice Oscar, pero sus ansias de vomitar fueron más fuertes y lo hizo sobre los zapatos de su jefe.
    —A la mierda con ese hijo de puta—Dice Oscar, agarrando los bolsos con el dinero—, vámonos de acá Ariel, si nos quedamos, somos los siguientes.
    —Si te queres ir, andate cagón—le responde Ariel a la vez que preparaba sus dos pistolas automáticas—, yo me quedo, lo liquido y me largo sabiendo que no quedan cabos sueltos.
    Mientras Ariel se interna en el sótano en busca del extraño. Oscar se dirige a la cochera donde esta la camioneta, una vez allí la carga y se sorprende al ver a Ariel detrás de él alcanzándole una de las bolsas.
    —Hola Oscar—Dice Ariel, pero su voz no era la de su jefe.
    —Vos no sos mi jefe, hijo de puta—Le responde Oscar,  al mismo tiempo que saca su arma y le dispara 5 veces en el pecho, matándolo  y tirándolo al suelo, al verlo caer, Oscar lo deja y sigue cargando la camioneta con las últimas bolsas..
    Una vez cargada la camioneta. Oscar se percata que el cuerpo de quien dijo no era su jefe no se encuentra donde  había caído, por un segundo no le da importancia, pero cuando sube al vehículo, ve que el extraño, ya con el cuerpo del inocente secuestrado, esta sentado al volante.
    — Bajate de ahí… seas lo que seas—Le dice apuntándole con el arma.
    En ese momento, el extraño lo mira y su rostro cambia, sus ojos se ponen rojos, su boca se transforma en unas fauces con dientes filosos, y de sus dedos brotan unas negras, puntiagudas y largas uñas. Se baja de la camioneta y de un salto cae sobre Oscar aforrándose con sus dientes de la garganta de este que al verlo se queda petrificado, ni siquiera puede gritar, ya que la bestia le tapa la boca mientras lo devora prácticamente vivo.
    Ajeno a lo que sucede en la cochera. Ariel sigue buscando al extraño. Revisa cada rincón del sótano, con cada minuto que pasa y sin resultado positivo crece su ira y su frustración.
    —¡¡¡Muchachos!!! —Grita desde el lugar más solitario de la casa—. ¡¡¡Oscar, Sebastián, Juan, Horacio ¿Dónde mierda están?!!!
    —Hola Ariel—le dice el extraño.
    Ariel se queda tieso del miedo, el extraño avanza hacia él y mientras lo hace cambia de forma. En el primer cambió toma la forma de Sebastián, luego de Juan, después se parece a Horacio, cambia una vez más y toma la forma de Oscar y por último de una criatura mitad humano y mitad carnero, su piel se tornó completamente roja, la cabeza ostenta dos cuernos enrollados y en vez de pies tiene pezuñas negras, se le acerca. Lo agarra del cuello y con la otra mano perfora el pecho de Ariel pecho y entre gritos de terror y suplicaciones que no tenían efecto alguno, le saca el corazón, lo sostuvo unos segundos entre sus dedos pudiendo observar sus últimos latidos agonizantes. Luego arroja el cuerpo contra unas cajas.
    La criatura. Sosteniendo felizmente su trofeo. Cambió una vez más de forma. Adquiriendo la del padre de familia que fue sorprendido por los malhechores. Mira su reloj, las 23:58. Sube a su camioneta y parte. Llega al lugar donde había dejado a los niños, los llama y cuando ellos llegan, les da un beso a cada uno y agrega en la canasta de cada uno, lo que obtuvo de sus captores. En una puso la piel, en otra los ojos y la lengua y en la tercera los dedos. Para si mismo se guardo el corazón, que seguro algún uso le va a dar.
    Nunca te metas con gente extraña, no sabes que te puede llegar a pasar. . .         

martes, 12 de junio de 2012

Buenas tardes a todos, hace tiempo que no subo nada, y luego de varios dias de escribir, les presento una nueva historia, en esta ocasion, se trata de un señor muy especial, una persona que adora el dinero por sobre todo, incluso por sobre la amistad, si notan algún parecido con algun compañero o compañera, es pura coincidencia. .... y como vengo haciendo hace un tiempo, las historias van en 2 partes, he aqui la primera, espero les guste..

HISTORIAS PERDIDAS
                                                 YO, SOLO YO...
    Desde hace varios años en una de las radios más escuchadas del país, un programa tiene enganchados a miles de personas, quienes llaman a modo de participación o interacción a la estación por el solo hecho de hablar con su conductor, un tipo de carácter muy particular, y con un vestuario pocas veces visto, el llamado por muchos “genial, Rocaldo Rein”, personaje con un carácter único, divertido y dinámico, características que se multiplican cuando se calza el auricular para comenzar su delirante espacio radial, pero todo lo descrito anteriormente y me refiero a esa interacción con el público quedó en el pasado, por que este “personaje”, más allá de lo que aporta al programa, desde hace un par de años no le va muy bien, no como cuando empezó en la emisora, en los adías actuales los oyentes ya no llaman para participar, la mayoría lo hace para quejarse de que en estos últimos tiempos Rocaldo dice y hace casi siempre hace lo mismo, no hay renovación de juegos ni secciones, al principio esas llamadas incomodó a los dueños de la radio, pero lo ignoraban, pero luego cuando se dieron cuenta que dichas llamadas se volvieron muy pesadas, pensaron como primera instancia despedir a su “estrella”, luego se dieron cuenta que en poco tiempo se terminaría el contrato de todos por lo que decidieron traer desde otros programas de la misma emisora 2 compañeras de trabajo, con la firme intención de que el programa vuelva a tener el glamour de antes, pasaron varios días y la audiencia mejoró, fue entonces que los dueños de la emisora comenzaron a recobrar la sonrisa, todos estaban felices, bueno… casi todos, por que había alguien que no comparte esa alegría incluso está de muy mal humor es Rocaldo, quien les dijo que él nunca necesitó de nadie para que el programa sea popular y ese enfado se acentúa cuando está fuera del aire, en el trata con los demás, en especial, con quienes debe se ve obligado a compartir las horas de trabajo, sus nuevos compañeras de trabajo. Alexa Sama, una señora casada de treinta y tantos, cuya característica principal es que fuma como una locomotora, ella se encarga de publicidades, noticias generales y algún que otro juego con los oyentes, trabajo que Rocaldo lo hacía según dijo, mejor. La otra persona con quien comparte horas es Maira klevosky, de ella depende el momento humorístico del programa, en esos minutos se permite la libertad de contar uno o dos chistes o comenta en forma irónica su forma de ver ciertas circunstancia de la vida cotidiana, transformándolo en algo atípico, tarea que también lo hacia el conductor. Todo parecía venirse abajo para nuestro protagonista, primero el programa que no da rating, después el enojo de los dueños, discusiones incluidas, más tarde y lo peor de todo, la imposición de compañeros de trabajo, cualquiera diría que el destino está en contra de la estrella del programa. Pero hoy gracias a una carta de un fan, todo eso que Rocaldo ve como una neblina, se va a disipar y daría un vuelco de 180 grados.
    — Rocaldo — dice un muchacho, ayudante de la producción de la radio— llegó una carta para vos.
    — ¿dice de quien es? — responde el conductor.
— De un tal Rogelio Cuazi — responde el muchacho — vino junto con este sobre color madera.
    — A ver — Responde Rocaldo con rostro cansado — debe ser una de las tantas boludeces que mandan algunos locos que no tienen nada que hacer.
    El muchacho, al escuchar lo dicho por el conductor, se lo da casi con desgano y se retira unos pasos, quedando apoyado en la puerta de la cabina, desde ahí observa como la estrella de la emisora, en forma despectiva, abre el sobre color madera y saca de su interior unos papeles. Luego lee la carta y cada tantas líneas su rostro cambia, primero su ceño se cierra mostrando enojo, luego sus ojos de entrecierran mostrando aburrimiento y por último nuevamente ceño fruncido al mismo tiempo que balbucea una que otra puteada muestra clara de enojo. Todo el panorama se veía mal, hasta que de la nada una sonrisa se dibujo en el rostro del conductor. El muchacho, sorprendido mira su reloj, nota que ya es hora de irse y se retira.
    Querido Rocaldo — comienza diciendo la carta — Mi nombre es Rogelio Cuazi, como reza tanto en el sobre de la carta como en el sobre color madera. Soy tu admirador desde hace muchos años, y a pesar de lo que digan las mujeres que trabajan con vos, sos el mejor conductor de radio que alguna emisora haya tenido en mucho tiempo. Sé que no te gusta que te adulen, pero dejame hacerlo al menos en algunas líneas. Tenés un carácter poco agradable, mandón y según parece las cosas se hacen como decís vos, si o si, todo eso según Alexa, para mí es un signo de disciplina. También esta la que chistosa, esa tal Maira, que de graciosa tiene lo que yo de fonoaudiologo, en cambio cuando vos contas una anécdota graciosa, me hace reír muchísimo, bien, ahora que tengo tu atención, debo ir a lo importante, sé que pronto están por renovar los contratos en la estación y quisiera proponerte algo, me gustaría que trabajes para mí. Tal vez te tome por sorpresa, pero antes que dejes de leer te comento que el sueldo es de 6 ceros, todos los detalles están dentro del sobre de color madera si todavía seguís dudando, te invito el sabado12 de este mes a las 22hs en mi casona, está ubicada en la localidad de Mercedes, provincia de Buenos Aires…      
    — Rocaldo, en 5 minutos, estamos al aire — dice Alexa, al mismo tiempo que estira el cuello tratando de observar lo que leía su compañero — ¿que tenés ahí?
    — ¿Qué te importa? — Responde el conductor, con mal humor — concentrate en tus cosas, como las noticias ¿ok?, y no es educado mirar las cartas de los demás.
    Sin retrucar nada, Alexa, se coloca el auricular. Agarra sus hojas y comienza su tarea, siempre bajo la mirada de su compañero, pero cuando Rocaldo se descuida, ella le realiza una mueca chistosa (saca su lengua en sentido de burla).
    La jornada laboral del día se lleva sin muchos entre dichos, Rocaldo ni siquiera en el momento de los chistes de Maira, mete alguno de sus agudos comentarios, solo habla lo justo, eso si, siempre con la carta en la mano o cerca de él.     
    Pasó casi todo el programa, solo falta la clásica interacción final con los oyentes.
    Tanto Maira como Alexa ven que Rocaldo evita mostrar esa carta, ni siquiera quiere hablar al respecto, a pesar de la insistencia de sus compañeras.
    Termina el programa y el con doctor junta sus cosas, regalos de los oyentes y de alguno que otro canje. Salieron los 3 juntos hasta la puerta de entrada, pero cuando estaban por llegar Alexa, recuerda que olvidó algo, pide a sus compañeros que la esperen para así salir todos juntos y así lo hicieron. En ese momento Rocaldo saca nuevamente su carta y comienza a leerla.
    —… para llegar al lugar solo tenés que preguntar una vez llegado al centro de Mercedes, por la casa de Don Cuazi, y enseguida te van a saber decir como llegar, la gente es muy hospitalaria, pero por las dudas te dejo la dirección  al final de esta, me gustaría que esto quede entre vos y yo, creo que entenderás el por que. Una cosa más, y la más importante, en caso de que aceptes asistir, me gustaría que seas puntual, de donde vengo, la puntualidad es primordial, una vez en la casona, tocá el timbre y te atenderé en persona, cenaremos y tratare de convencerte de trabajar para mí, bueno creo que ya te robe demasiado tiempo, un abrazo y hasta pronto.
 PDT: La dirección es: Casabais 3352 E/ Cosecha y Llama.
    No me gusta la idea de abandonar esta radio — piensa Rocaldo a la vez que guarda la carta en su mochila — pero son 6 ceros, además es mañana y con escucharlo, no pierdo nada.
    Rocaldo —Susurra Maira.
    — ¿He? — Responde su compañero, sin mirarla.
    — ¿Qué traes con esa carta? — Retruca Maira — todo el programa estuviste agarrándola como si fuera el billete ganador de la lotería nacional.
    — No es nada — responde Rocaldo, como si nada — es solo una carta de un fan… una boludez.
    — Ya estoy — aparece diciendo Alexa — ¿nos vamos?
    Por un momento, la recién llegada nota que su presencia como el comentario hecho cortó el clima tenso entre Maira y Rocaldo.
    — ¿Todo bien, Maira? — agrega Alexa — ¿chicos?.
    — Sí, todo bien — responde su compañera, mirando fijamente a Rocaldo.
    — ¿Seguro, Rocaldo? — dice Alexa, mirando a su compañero.
    — ¡Si, che! — Responde el conductor — ¿vos estas lista?, ¿nos vamos de una vez, por favor?
    Sin más, salieron los tres del edificio, tomaron un taxi y en pleno viaje, las dos muchachas que viajaban en el asiento trasero comienzan a susurrar acerca de lo sucedido en la puerta de la radio. Rocaldo, desde el asiento del acompañante, escucha, pero por el ruido de afuera, no puede descifrar la charla de sus compañeras, por lo que trata de ignorarlas.
    — Rocaldo — dice Alexa — ¿me podes dar un pañuelito de los tuyos?, es para limpiar mis anteojos.
    Rocaldo, sin mirarla, le alcanza su mochila con el fin de que ella saque lo que necesite, una vez hecho eso, se la regresan y por un trecho del viaje no hubo ningún intercambio de palabras, hasta que Maira llega a su destino.
    — Rocaldo — dice Maira, mirando a su compañera — El lunes contame lo de la carta.
    Rocaldo la mira, luego a Alexa, vuelve a mirar a Maira y asiente con la cabeza. Tanto él como Alexa, miran como su compañera se aleja del taxi.
    — Sigamos, por favor — atina a decir Rocaldo al taxista, en tono muy bajo.
    Avanzaron unas cuantas cuadras y Alexa, mientras mira por la ventanilla con gesto pensante y buscar la forma de entablar una conversación en la que Rocaldo hable sobre la carta. Sabe que no tiene mucho tiempo antes de que él se baje y hasta el lunes no va a tener posibilidad de hacerlo.
    — Rocaldo — comienza Alexa — ¿a que se refería Maira con lo de “la carta”?
    — Nada — responde con tono bajo.
    — ¿Nada? — Responde Alexa — Maira no te diría lo que te dijo por… nada.
    Rocaldo, de inmediato se da cuenta que si no le cuenta aunque sea algo ella no dejaría de preguntar, sabiendo lo incisiva que es, cuando quiere saber algo.
    — Es que me vió leer una carta que me envió un oyente… nada importante — responde con la vista al frente el conductor —  me preguntó que era y no se aguanto mi respuesta, pero en realidad es algo que me tiene preocupado.
    — ¿Qué es? — Responde con gesto atento su compañera — seguro debe ser grave, para que te pongas… en confidente.
    — ¿que decís tarada?― Responde ofuscado Rocaldo ― Es una propuesta de trabajo. Un tipo me ofrece laburo por un sueldo mucho mejor que el de la estación y me parece que voy a agarrar viaje.
    — ¿Qué? Imagino que le vas a decir que no — responde su compañera — Hace más de 6 años que estas acá, la estación te dio todo lo que querías, además hicimos entre los tres una buena amistad ¿o no?
    Rocaldo hace un gesto a eso último y la mira un momento sin omitir respuesta.
    — ¿o no? — repite en voz alta la mujer.
    — si, claro que si — responde casi con tartamudeo, sabiendo que el programa fue por decirlo de alguna manera salvado por las chicas.
    — Bien — responde aliviada la mujer, al mismo tiempo que saca un cigarro y lo coloca entre sus labios, sin encenderlo — entonces, si te dejó un número de fono, llamalo y decile que no te interesa.
    El gesto que hizo Rocaldo, le dio a Alexia un poco de desconfianza, ya que el conductor solo asentó con la cabeza.  
    Hasta llegar al lugar donde Alexia se baja, no hablaron más acerca de la carta, ni del fulano y mucho menos de la propuesta de trabajo.
    — Hasta el lunes Rocaldo
    — Hasta el lunes, y saludos a los chicos — responde el conductor, con desgano.
    Mientras ve como su compañera se aleja, Rocaldo siente que debería seguir con el tema de ver a su admirador.
    — No importa lo que me diga esta — piensa Rocaldo, llegando a su casa — voy a ir a ver que tiene para ofrecerme este Rogelio Cuazi.
    Una vez en su hogar y luego de una confortable ducha, el conductor se encuentra sentado en su gran sillón de 3 cuerpos y en sus manos sostiene la carta de su admirador, la lee una y otra vez, para luego dejarla sobre su mesa ratona.   
    Camina de un lado a otro, pensando en lo que Alexia le dijo, acerca del trato de la estación para con él, también cruza por su mente los años dorados y la posibilidad de ser grande otra vez, en un momento su mirada se fija en el sobre color madera, se acerca, lo abre y de su interior saca varias hojas, un par de ellas describen lo que en el Sr. Cuazi había comentado tan sutilmente en la carta.
    — A ver esto — susurra, volviendo a tirarse en el sillón.
    Comenzó a leer y supo casi de inmediato que es el contrato lo que tiene en sus manos. Una vez terminada la lectura del papel, vuelve a guardarlo en el sobre y con todo dentro de su mente camina a su dormitorio, cree que tal vez el consejo de la almohada lo ayude a hacer lo mejor para su futuro.
    El silencio y la oscuridad de la habitación llevan a Rocaldo a recordar inconcientemente los primeros años de su trabajo, momentos de mucha alegría, compañerismo y sobre todo tiempos en los que el abrazo del publico lo era todo, siempre le gustó la ovación de la gente, que lo traten como una estrella, por que eso es lo que es, una estrella, hasta que llegaron las dos víboras, Alexia y Maira, ellas son las culpables de que ahora esté el programa con bajo nivel de oyentes, ellas son las culpables que su público se aleje de él, si esas dos no estuvieran, si ellas dos no trabajaran más en la radio, todo seria como antes, todo sería como antes, todo seria…, todo…
    — !!!rrrriiiinnnnggg¡¡¡ — grita el despertador, a las 07:00hs.
    Sábado por la mañana, Rocaldo vestido con ropa deportiva y teléfono en mano, llama a su amigo y entrenador personal para comenzar su rutina de corrida por las inmediaciones del barrio, pero hoy con la intención de despejar la mente, decide ir un poco más allá. Una vez de regresado a su hogar, se prepara a entrar en su página personal. Coloca nuevos temas para sus seguidores, y de paso ve la posibilidad de revisar su correo, su facebok y twiiter y mientras observa a sus seguidores subir los contadores de visitas de pagina personal, llama a una remisora amiga y reserva un auto para las 19hs. Mas tarde, siesta, reunión con amigos, visitas a familiares y volver a casa para nuevamente visitar el ciberespacio durante varias horas y con la vista agotada mira su reloj.
    — Son las 18:00hs — susurra, a la vez que recuerda la reunión de esta noche — Me voy a preparar para ir a Mercedes.
    Una vez bañado, cambiado y perfumado se encamina a la salida cuando suena el teléfono.
    — Hola, te comunicaste con el Rocaldo Rin, la estrella — atiende el contestador, ante la atenta mirada de su dueño — dejá tu mensaje después del sonido.
    — Hola Rocaldo — se escucha — Soy Alexia, sé que vas a ir a la reunión, y me gustaría acompañarte.
    Rocaldo, al escuchar semejante propuesta, deja su casa y se sube al remis que ya esta en la vereda de su casa.
    Ya en viaje, Rocaldo, siente una especie de arrepentimiento por no haber contestado el llamado de su compañera, ya que ella es la única que al parecer se preocupa por él, pero también sabe que oportunidades como la que se le puede dar con ese tal Cuazi, no se presentan todos los días.
    Entre charla y charla con el chofer, un tano de gran bigote, Rocaldo siente que realmente estuvo mal el no haberle atendido. Saca su celular y la llama, pero al parecer en la zona no hay buena recepción de señal.
    — pero la puta madre — rezonga el conductor con los dientes apretados — celular de mierda, justo ahora….
    — Parece que no tiene señal — le dice con un humor desubicado el chofer — hasta hace unas horas, llovió como nunca por estos lados.
    Rocaldo lo mira, con esos ojos que parecían desprender chispas, haciéndole entender al chofer que no esta para comentarios fuera de lugar, por lo que hace que el tano trague una gran cantidad de saliva y fije su mirada al frente, sin pronunciar palabra.
Pasaron un par de horas y están llegando a Mercedes, Rocaldo, saca de su bolsillo la carta y memoriza la dirección.
    — A ver… — dice siguiendo las líneas escritas con la mirada —  Casabais 3352 E/ Cosecha y Llama.
    Le muestra la dirección al chofer y este asiente con la cabeza.
 Avanzan unas pocas cuadras, al parecer el día anterior llovió, por lo que el camino se hace casi intransitable, a eso se le suma la oscuridad ya que no hay muchas luces en los postes.
    — Rocaldo, creo que hasta acá llego — le dice el chofer — está muy oscuro, y barroso, pero no falta mucho para llegar.
    — ¿Me vas a dejar acá? — le responde el conductor apoyando su nariz en la ventanilla tratando de ver entre la oscuridad.
    — Como te dije, según me guío por la calle anterior, no estas lejos — le responde sacando una linterna de su guantera — tomá, esto te va a ayudar a llegar.
    — Gracias — le responde Rocaldo, sacando el dinero de su billetera para pagar por sus servicios — tomá y de nuevo, gracias.
    — Creo que saque mal la cuenta — dice el tano — pense que sería mas fácil llegar, pero las desviaciones, las cortadas, las entre calles, bueno…
    — No me des tantas vueltas, la puta madre — responde Rocaldo — ¿Cuánto?
    — $450 más peaje.
    — ¿Qué?... ¿$ 550 mangos? — Le dice Rocaldo alterado— Pero… Pero… si me habías dicho $300.
    — Lo se, pero… pero…— comienza a tartamudear — date cuenta que es de noche y encima estoy, perdón, estamos en un lugar inhóspito, entendeme.
    — Ma si, carajo — le corta Rocaldo, pensando en el dinero que cobraría en su futuro nuevo trabajo — tomá y tomatelas tano, ladrón… 
    Rocaldo muy a su pesar, se dirige a la casa a la vez que balbucea alguna que otra maldición contra el chofer quien se retira haciendo lo mismo.
    Nuestra estrella comienza su travesía hacia la casa, sus pisadas, cada vez se marcan más debido al barro, los zapatos de color amarillo patito, pierden su glamour a medida que avanza. Y para colmo, sucede lo que debía suceder…
    — No… — Dice Rocaldo golpeando la linterna con ambas manos —  tenia que pasarme, siempre que la situación es mala, zas… ahí viene a empeorarse, carajo.
 Piensa si realmente es una buena idea el ir a ver a ese tipo, se siente en medio de la nada, solo hay árboles sin hojas a su alrededor, en un momento comenzaron a cantar los grillos, sapos y vaya a saber que otro animal, la cuestión es que a Rocaldo le comenzaron a temblar las rodillas y su rostro sudaba como nunca antes. Decidido a mandar al carajo esa reunión, vuelve sobre sus pasos a un ritmo muy rápido, se dirige a decirle al remisero que lo lleve de vuelta a la civilización y de paso pedirle, en caso de que se ponga pesado el tano, pedirle perdón por haberle discutido el precio del viaje hacía allá, pero…
    — Tano, quisiera que…— atinó a decir Rocaldo, pero el remisero ya estaba de viaje — ¡me lleves de vuelta a la ciudad!
    El chofer detiene el auto, y saca su cabeza por la ventanilla, provocando una gran sonrisa al conductor.
    — ¡LLamá a tu abuela para que te venga a buscar! — le grita el remisero — ¡tacaño de mierda!
    Rocaldo, con gesto de confusión total, se queda parado en medio de la calle, con la linterna que prende y apaga, y los zapatos amarillo patito, sucios casi hasta las medias. Levanta su brazo derecho y como si eso fuera una señal al cielo, comienza a llover.
    — No puede ser… — dice resignado, a la vez que mira el cielo — ¿Por qué? ¿Por que a mi, Dior?
    Del cielo salen truenos y relámpagos, pero no la respuesta que él busca. Resignado a buscar refugio de la lluvia. Comienza a correr y se detiene debajo de uno árbol que todavía le quedan algunas ramas con hojas. Mira hacia varios lados y recordando la dirección la busca como puede en medio de la oscuridad.
    — Como me gustaría no estar solo en este lugar — susurra Rocaldo, algo nervioso — pero una vez que encuentre la casa, me quedo ahí a pasar la noche, no creo que ese Cuazi, tenga problemas con eso.
    Tal como lo pensaba hace unos segundos, a lo lejos, a pesar de la lluvia y la oscuridad, puede ver el número de la casa del sujeto de la reunión. Sin perder tiempo sale corriendo a la puerta.
    Al llegar a la entrada, se observa de inmediato dos grandes sauces llorón, bajo sus ramas asoman un par de pilares de concreto muy grandes, en medio de ellos un portón de hierro fundido color negro, llama la atención por su gran tamaño, muy imponente, todo eso bajo un nuevo aguacero acobardaría a cualquiera.
    — ¿Quién me manda a este lugar de mierda? — se pregunta en voz alta, Rocaldo — para colmo no le veo buena cara a ese timbre, parece del año de ñaupa.
    Tembloroso, tanto por la mojadura como por el lugar que da miedo, Rocaldo decide tocar el timbre. Aprieta el botón y lo quita como si este le hubiera dado un choque eléctrico. Mientras espera a ser atendido, el cielo se oscurece más y de entre sus nubes los relámpagos iluminan todo el lugar, los truenos resuenan en la oscuridad como bestias del infierno y su sonar hace vibrar cada rincón del cuerpo de Rocaldo.
    — Vamos, tiendan, soy la estrella — susurra el conductor — y esta lluvia que no para, carajo.  
    Todo parecía estar en contra de nuestro protagonista, pero todavía falta algo…
    — No puede ser…— susurra Rocaldo, asustado — lo que me faltaba, niebla…
    Todo a su alrededor es cercado por una niebla espesa, Rocaldo al ver que esta se acerca como si tuviera vida propia, pega su cuerpo al portón, pero la niebla se le acerca más y más, casi a punto de tocar su rostro, por lo que Rocaldo colmado de susto y frio trata de evitar cualquier contacto por lo que intenta salir de ese lugar.
    — Hola Rocaldo — dice una voz proveniente de entre la niebla.
    Al escuchar la voz, Rocaldo actúa como todo un hombre…
    — ¡aaaayyyyy…! — Grita con los ojos cerrados y con la voz quebrada y algo fina — niebla no me mates, soy muy joven para morir, llevate todo, tómame si es necesario, pero no me mates, por favor, por favor, por favor…
    — ¡ey, Rocaldo! — dice la voz — Callate por favor.
    Rocaldo no está escuchando la voz, el susto lo paraliza y unas manos lo sacuden tratando de hacerlo entrar en razón.
    — ¡Noooo… ahora me agarraaaa!— dice Rocaldo, temblando como una hoja —  ¡quiero a mi mamáaaa!
    — che, pelotudo, callate — dice la voz, ahora con un rostro conocido, el de su amiga Alexa — soy Alexa, tu compañera de trabajo.
    — Y yo también estoy acá — dice otra voz.
    — Noooo, primero la voz, lúgubre — comienza diciendo, siempre con los ojos cerrados, Rocaldo — después sus manos heladas que me quieren llevar, y para colmo, se hace pasar por mi Alexa… noooo.
    — ¿Qué? ¿Tú Alexa? — Dice sorprendida su compañera.
    — Si eso dijo — se escucha una segunda voz en forma de susurro.
— Te pido por favor — dice la primera voz —, estás delirando, y abrí los ojos, soy yo, Alexa.
   CONTINUARA...